EL SIGLO XX-7. La guerra incivil

¿Cómo se puede llamar civil, civilizada, sociable, a una guerra entre hermanos? Si todas las guerras son inciviles, la que nuestros padres o abuelos sufrieron entre 1936-1939, en cualquiera de los dos bandos, es el paradigma de la brutalidad y la barbarie. La actitud de “los hunos y los hotros”, como dijera Unamuno fue igualmente brutal. Y lo dice el hijo de uno que estuvo en el bando perdedor

Máximo Calvo. Imagen cedida por JESÚS CARLOS RODRÍGUEZ ARROYO
Máximo Calvo. Imagen cedida por JESÚS CARLOS RODRÍGUEZ ARROYO

En julio de 1936, ya se sabe, la locura de apoderó de España.  A la vez que se encendían los fusiles se desataban los viejos odios pueblerinos. A las lógicas y oficiales muertes que se produjeron en el campo de batalla hubo que añadir las otras, las de los personajes cuyos nombres no figuran en las cruces de los caídos ni en las fachadas de las iglesias, ni casi en la memoria colectiva de una u otra ideología, las de aquellos que fueron incivilmente “paseados” y rematados en cualquier cuneta o, en nuestra comarca, arrojados al Tajo, por unos motivos que en la mayor parte de los casos no se debían siquiera a discrepancias políticas lo que tampoco las hubiera justificado sino a simples venganzas personales.

El cómputo de los que murieron de una u otra forma se conoce desde hace tiempo en obras conocidas y valiosas a las que nos remitimos al final de este artículo. 

Un hecho no bien conocido, porque durante mucho tiempo se ha silenciado, fue el presunto intento de Máximo Calvo Cano, alcalde de Cadalso de alzar el Norte de Cáceres contra los sublevados y romper así la comunicación del Valle del Duero con Extremadura a través de la frontera portuguesa e impedir la coordinación NorteSur tan necesaria para cualquiera de los dos bandos en lucha. Fue descubierta la intentona y el alcalde y sus seguidores fusilados. El general Rada, gobernador de Cáceres, hizo una represión brutal y sin sentido a consecuencia de la cual murieron muchas personas que no tenían nada que ver con el asunto. 

Hecho curioso: de Trevejo no murió nadie. Sus escasos vecinos atribuyen la feliz circunstancia a la protección de su Santo Cristo, que no en vano se apellida de la Salud. Otros, menos creyentes, opinan que se debió al cálculo de probabilidades. 

En la lista de caídos de San Martín de Trevejo hubo de borrarse, años después, el nombre de uno de los dados por muertos en el frente ruso como integrante de la División Azul. Al cabo del tiempo regresó del frío, repatriado en aquel buque famoso que fue el Semíramis. 

El 31 de diciembre de 1936 murió en Valladolid, de muerte natural, don Inocencio Martín Piriz quien era presidente de la Diputación Provincial de aquella provincia castellana. Había sido compañero de promoción del general Primo de Rivera y general inspector de la Guardia Civil. Era natural de  San Martín de Trevejo. 

Durante la Segunda Guerra Mundial se habló de que el Partido Comunista de España había organizado en Sierra de Gata una Primera Agrupación Guerrillera, los conocidos “maquis”. No está nada clara la existencia de tal agrupación guerrillera aunque se le hayan atribuido diversos atentados que tienen todo el olor y sabor de puras y simples venganzas personales; en cualquier caso el temor al maquis y a los maquis hizo que en todos los pueblos existiese un cuartel de la Guardia Civil.

Para saber más del tema aconsejamos:

AYALA VICENTE, Fernando le dedica una página (la 185) en La violencia política en la provincia de Cáceres durante la Segunda República. Brenes, 2003

CHAVES PALACIOS, Julián: La represión en la provincia de Cáceres durante la guerra civil (1936-1939). Cáceres, 1995. 

Sierra de Gata digital publicó el 3/septiembre/2012 el artículo “Máximo Calvo, el alcalde de Cadalso que luchó contra Franco”.