domingo. 03.03.2024

Claudio Hernández era un “hombre de ideas peregrinas” y un “gran emprendedor” en palabras de su hija Caridad. Fue maestro molinero, pero también trabajó en una de las casetas forestales de vigilancia contra incendios y como vendedor de telas, entre otros oficios. Su hija Inmaculada, era también “muy emprendedora, con mucha imaginación”. Cada verano, cuando regresaba a Robledillo por vacaciones, decoraba con gusto y con las telas del negocio paterno una desvencijada casa familiar. Cada verano, Inma regentaba aquel bar en la calle Manadero, de Robledillo de Gata.

En 1994, Caridad Hernández, hermana de Inma e hija de Claudio, realizó un curso en la Escuela Oficial de Negocios. 500 horas que sirvieron para valorar si merecía la pena intentar poner en marcha un negocio de turismo rural. Incluso con las perspectivas más negativas, el estudio de empresa y mercado gritaba que no sólo podía funcionar sino que sin duda alguna funcionaría. Inma no pudo llegar a conocerlo pero Claudio sí llegó a ver “un sueño familiar hecho realidad”.

Y así, hace 18 años, nació en Robledillo Casa Manadero, cuatro apartamentos que suman doce plazas. Fue el primero de la localidad, el primero del serrano Valle del Árrago y el sexto de toda la región.

Tenía entonces 25 años. Hoy, Caridad Hernández es una empresaria innovadora, tenaz y dinamitera, para quien la “visibilidad del negocio y la innovación” son garantía de futuro. Sin tomar en cuenta los hoteles rurales, ella es la única empresaria de la comarca de Sierra de Gata para la que el turismo rural no supone una renta complementaria en su familia, sino la fuente principal de ingresos.

A día de hoy, la empresaria ha sumado a aquellos primigenios cuatro apartamentos --enumeramos por orden de creación-- el restaurante Casa Manadero, para 22 comensales, la tienda de pueblo especializada en productos regionales de calidad, innovación del negocio materno tras su jubilación, una casa rural con hasta 12 plazas y bodega propia donde se realizan catas y se degusta el vino allí elaborado. Entre sus planes de futuro se encuentra la apertura de nuevas plazas de alojamiento y una sala multiusos para realizar desde catas de vino y aceite hasta cursos de reiki y yoga, desde exposiciones temporales a reuniones para empresarios.

La wifi libre, el terminal bancario para el pago de tarjetas, bicicletas para alquilar, catas de vino de su propia bodega. Innovación, presencia, audiencia. Estas palabras se repiten constantemente en la filosofía de la empresaria, en la que tampoco falta el principio de escucha activa de los clientes. ¿Qué quieren? Pues: a por ello. En definitiva, como ella misma apunta “pequeños detalles para lograr grandes objetivos”

Caridad Hernández no falta a una Feria profesional, a un curso de formación, --aunque ahora ella ya pertenece también al grupo de formadores-- y no rechaza ninguna promoción. Sus apartamentos se encuentran en los Vips madrileños, a través de los paquetes Wonder Box y La vida es bella. Desde el día 15, participa en la campaña “Restaurantes contra el hambre”. En la provincia de Cáceres sólo ocho establecimientos participan, cinco de ellos en la capital, y de los tres restantes, uno es, naturalmente, Casa Manadero. Presencia.

Tiene claro la importancia de las redes sociales y del prestigio empresarial on line. En la satisfacción de sus clientes encuentra las mayores satisfacciones y en sus decepciones, la suya propia. Por sus alojamientos han pasado al año una media de 3.000 visitantes. El 30%, aproximadamente, llega hasta el lejano Robledillo, a casa de Caridad, por recomendaciones. Audiencia y escucha activa.

Decíamos al principio que Caridad Hernandez es innovadora y tenaz pero también apuntábamos que es dinamitera. Muy crítica con los planes “dispersos” de turismo, “sobre los que no se realiza ningún seguimiento de la consecución de objetivos”, “los touroperadores lo tienen muy difícil para vender paquetes en Sierra de Gata” “¿Qué nos define?”, “¿turismo gastronómico?” “¿ornitológico?”, “¿turismo del agua?” En su opinión se ponen en marcha planes sin continuidad en el tiempo y esto “produce el desgaste de energía porque no optimiza el esfuerzo inicial”. Es fundamental, para ella, “escuchar y dejar participar a los empresarios en los planes de turismo porque, al fin y al cabo, somos nosotros los que nos jugamos las perras”.

Para ella la crisis actual “va a ahondar aún más en la brecha que separa el mundo urbano y rural al que el primero aún mira por encima del hombro”.

Se ríe esta madre de dos niñas con ojos como lagos y sonrisas imborrables cuando le hablas de conciliación. “Aquí vivimos en el lejano oeste, en los pueblos los niños aún pueden ir y jugar por la calle, lo que facilita el mito de la conciliación”.

Cuando era joven, Caridad quería ser “empresaria de turismo”, cuando sea mayor su único deseo es “ser feliz”. Si pone el mismo empeño en el sueño de su vejez que el que aplicó en el ideal de su juventud, su felicidad está asegurada.

Casa Manadero: Y el sueño se hizo realidad