martes. 16.04.2024

La Cervigona, con sus saltos de agua, nos llama insistentemente la atención para que, frente a su impresionante belleza natural, observemos la arqueología tecnológica que, tan sólo 100 años antes, alumbró todo un tiempo de esperanzas y murió absorbida por  los grandes jerifaltes del monopolio. Arriba, a 800 m.a, una presa escupe agua ladera abajo, mediante una tubería de considerable dimensión, para mover una turbina hidráulica y un generador eléctrico, capaz de producir corriente. Maquinaria que se encontraba alojada abajo, en un edifico de pequeñas dimensiones, a la vera del río Acebo o de Jálama, hoy más conocido como río Cervigona.

Pascual Madoz, en su conocido diccionario geográfico, diría de ella: “Su nombre es Cervigona y ocupa ¼ legua. Está poblada de encinas de enorme magnitud, de vides, cerezos y otros diversos árboles todos silvestres que, enlazados fuertemente entre sí, hacen imposible su acceso, excepto por una pequeña parte y con suma dificultad. Por ellas se precipitan en torrente, desde un derrumbadero de más de 80 varas (66,8 metros), las aguas que bajan de Castilla, las cuales, formando en su descenso casi perpendicular una admirable cascada, se derrama en una artesa de dos varas de profundidad (1,67 m.), abierta a su impulso en una pizarra. (…). Hacia el norte y oeste son muy elevadas las montañas que cotan el horizonte, limitándolo de ½ a 1 legua, se llaman de Jálama, Teso de Porras y Cumbres de San Martín”. (1)

Gregorio Carrasco Montero (2), citando al cura de El Payo, don Samuel Sousa Bustillo en “Jálama” (1937), cuaderno Jálama 4, aporta datos sobre este proyecto hidroeléctrico: “Así se llama una cuenca profunda o mejor dicho una sima en forma de embudo de unos 250 metros de profundidad por su boca, unos 200 metros de diámetro, abierta por uno de sus lados, por donde salen todas las aguas que allí se recogen en invierno y continuamente las aguas que descienden de la parte este de la montaña de Jálama”(…). “Dos hombres laboriosos D. Pedro Comerón, vecino de Lumbrales y el Sr. Godino (Godiño), de origen portugués y avecindado en San Felices de los Gallegos, muy prácticos en esta clase de obras, emprendieron el proyecto de aprovechar el salto de agua para construir una fábrica hidroeléctrica, el que después llevaron a efecto”.

“Realizada la obra hidroeléctrica –añade don Gregorio Carrasco-, llevaron la luz a los pueblos de Acebo, Hoyos, Villasbuenas, Perales, Cilleros, Villamiel, San Martín y Eljas, los que a pesar del inmenso beneficio recibido, no les han hecho un pequeño monumento a fuerza de agradecidos. Ellos se arruinaron, pero no así sus sucesores que tienen pingues beneficios, siendo el mayor accionista D. Ricardo Galván. Era natural de Lumbrales (Salamanca)”.

He de aclarar que, otros datos encontrados, nombran como beneficiarios a los pueblos de Acebo, Cilleros, Eljas, Hoyos, Perales del Puerto, San Martín de Trevejo, Valverde del Fresno, Villasbuenas de Gata y Villamiel, núcleos que reunían a 16.626 habitantes en 1930 (Censo de centrales generadoras - Cáceres).

Eran estos hombres de las tierras salmantinas, partido de Vitigudino. Lumbrales y San Felices, conquista temprana del reino de León, primer asentamiento de los hombres de la Galleacia, al que los nativos llamaron gallegos como hombres del norte del Duero, siendo ya reino de León por decisión y real criterio de Orduño II, como llamaron francos a los de allende los Pirineos.

Para las obras de acondicionamiento, construcción y aprovechamiento del caudal hidráulico: “Hicieron la presa y desviaron el agua de los saltos descritos (se refiere a los saltos de agua de la Cervigona) por un acueducto a un depósito, desde el que tendieron la tubería, loma abajo del regato llamado El Espartal, hasta el edificio. Para poder llevar la maquinaria desde la carretera de Ciudad Rodrigo, tuvieron que hacer una pista desde el sitio llamado Carvajales, por la Cueva de los Llanos, al depósito y desde allí, con maromas, sujetaban las piezas hasta dejarlas en la fábrica…”.

Con un sistema parecido, hace cien años de antigüedad, se electrificó la bella localidad serragatina de Robledillo de Gata, que suministraba luz nocturna también a la vecina localidad de Descargamaría, en el Valle del Árrago o Valdárrago.

La minicentral eléctrica de Robledillo de Gata fue absorbida en 1961 por Hidroeléctrica de la Cervigona S.A, unificando en una misma sociedad las centrales hidroeléctricas de Acebo y Robledillo de Gata, hasta que pasó definitivamente al Fondo de Empresas de Iberduero (1985).

Robledillo de Gata es un pueblo situado en el extremo oriental de Sierra de Gata.. La conservación y rehabilitación de su arquitectura popular le ha permitido mantener una especial singularidad medieval, en un enclave paisajístico peculiar serragatino de pequeños poyales para el cultivo de la vid, el olivo y el naranjo, donde la mataescoba y el brezo escalan laderas que parecen partir de las mismas calles, con noches de calma tranquila y sosiego. Su cercanía al Puerto de Las Batuecas, donde la campana alerta frailes, el olor a miel y polen huye por las mestas y la virgen, en su peña, mira de lejos el mercadeo del pueblo abajo coronado Alberca, le confieren todavía, más si cabe, un halo misterioso de historia y aventura.

Arriba los montes, el aire puro empuja cristalinas aguas hacia el remanso para hacer confluir las regateras en el río Árrago, que da nombre al valle, y perderlas, quizás no para siempre, en el traicionero Alagón, cuya voracidad siega intermitentemente alguna vida descuidada antes de verter al Tajo su arremolinada carga. Supo el Árrago que tomó prestado el liquido de su agua de los regatos de la Garganta, de la Media Fanega, del Puerto, de la Noblea, del Lispasa, de la Garganta Vieja, del Caballero, del Cerezo,  del Arguijo, de los Castaños, de la Higuera, del Trasgas y Patona y cedió sus arterias para el transporte hasta la hermana Caura vetona. Antes de esto sintió las aguas del río Gata y, en un guiño, unió La Golosa con la Cervigona.

Por el Romolino, fluye orgulloso el regato de Malavao, siendo en su caminar lento de verano, presuroso en invierno, en cuanto lo llaman Mallas, Golosa, Linares, Piedralá, Malena, rehuye del Tajo, entregando su agua al Águeda y este al Duero.

Si antes lo fue la Cabeza de la Cervigona, ahora el valle se cierra en la Boca de la Golosa, en la cumbre alta de la Bolla (1.519 m.a), para dar vida al Árrago, tanto como que hay que buscar al Malavao por entre los canchales del Puerto Viejo. Porque la producción de energía eléctrica desde la minicentral de Robledillo de Gata exigió, en días de cauces semisecos, el transvase de una cuenca a otra, como se exigía en años secos para la molienda de los molinos. Nadie quería quedarse sin luz, como a nadie se le pasaba por la cabeza el que la aceituna se pudriese en los pozos, a la espera de que el agua llegase con la suficiente fuerza como para mover las piedras de la almazara.

“Un pequeño salto, aguas arriba del pueblo –relata el periodista Teresiano Rodríguez-, que tomaba el agua de un arroyo, 15 litros por segundo, y era elevada mediante un canal de casi un kilómetro por la ladera de la margen derecha para, desde un depósito, descender por una tubería de 128 metros de longitud, para mover una turbina. En esos momentos iniciales, la potencia era escasa, apenas mil voltios, que más adelante alcanzaría los cinco mil, y que tras el paso por los transformadores se distribuía a 50. La industria funcionaba sólo por la noche y apenas tenía otro uso que el alumbrado. La luz se pagaba a tanto alzado, según el número de bombillas y los vatios de consumo de cada una”.

También la hidroeléctrica de Robledillo de Gata surtió de luz nocturna a la vecina localidad de Descargamaría, regada por igual por los ríos Árrago y Malena, entre las sierras de la Bolla y la sierra de Gomares. Un bello pueblo serragatino, que conserva el encanto de la arquitectura popular y un templo parroquial del siglo XVI, rodeado de viñas, olivares y pinares.

La absorción por la Hidroeléctrica de la Cervigona, se precipitó por la falta de rentabilidad económica de la hidroeléctrica de Robledillo de Gata (1913-1961), lo que le impidió las ampliaciones y mejoras que le solicitaba la Delegación de Industria de Cáceres.

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1.- Madoz, Pascual. “Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar” (1846-1858).

2.- Carrasco Montero, Gregorio. “Jálama, Xálima, Salamanti, Jálama, según don Manuel”. XXXVII Coloquios Históricos de Extremadura. Volumen 1. Editado por Asociación Cultural Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. 2009.

10.- Foto de propietarios y trabajadores de la Central Eléctrica de la Cervigona, cedida por el Café-Bar Trébedes. Acebo. Cáceres.

La hidroeléctrica de Robledillo de Gata