Tiempo de siega para los ayuntamientos

La presión de los aparatos municipales del PP ha forzado al gobierno a no reducir el número de ayuntamientos, que era su primera opción. De modo que el gobierno ahora pretende conseguir el mismo objetivo de manera indirecta; vaciando los ayuntamientos de contenido
Presentación del anteproyecto de reforma de la administración local
Presentación del anteproyecto de reforma de la administración local

El gobierno anunció el viernes pasado sus ideas acerca de los ayuntamientos. Pero empecemos por una idea sobre la que parece que no han pensado: la financiación municipal. Su clamorosa ausencia resulta reveladora: no se discute la financiación porque primero se va a hacer una limpia. La presión de los aparatos municipales del PP ha forzado al gobierno a no reducir el número de ayuntamientos, que era su primera opción. De modo que el gobierno ahora pretende conseguir el mismo objetivo de manera indirecta; vaciando los ayuntamientos de contenido.

El vaciado se lleva a cabo del siguiente modo. Se definen tres tipos de competencias: mínimas, propias e impropias. Si un ayuntamiento tiene problemas económicos y no puede hacer frente a los pagos de los servicios mínimos, en ese momento debe cederlos a la diputación. De acuerdo con el informe, las diputaciones asumen los servicios de municipios con menos de 20.000 habitantes “a fin de generar economías de escala”. En realidad se trata de privatizar los recursos de los ayuntamientos sin que sus habitantes puedan obtener un beneficio por ello.

¿Pueden recuperar los ayuntamientos los servicios? El informe no dice nada sobre este asunto, pero parece que no, que precisamente en eso consiste la Racionalización de la estructura organizativa.

Primero se establece un coste estándar por servicio mínimo. ¿Cómo se determina este coste estándar? No lo sabemos, pero la diapositiva 4 de la presentación del ministro nos proporciona una idea muy clara: dentro de una gran flecha amarilla se nos dice que los ayuntamientos de menos 5000 habitantes pagan el triple por un mismo servicio. Claro, es lo que tienen las economías de escala: un camión de basura atiende a más personas en una sola parada en la ciudad que en muchos de nuestros pueblos.

En consecuencia, los pueblos pequeños no podrán pagar ese coste estándar y sus competencias pasarán a la diputación. La diputación, por supuesto, tampoco podrá pagarlo, porque la atención a los pequeños municipios es un problema de escala. Así que caben dos soluciones: o reparte la factura entre más o recorta servicios. Por ejemplo, si vale tres veces más recoger la basura, se puede recoger tres veces menos, dos veces por semana.

En suma, las decisiones que afectan a la vida diaria de nuestros pueblos se alejan y sus habitantes pasamos a ser la carga que estropea los balances de la diputación.