Milagros bajo las cenizas del incendio

La burrita Antonia sobrevivió contra todo pronóstico encima de unos helechos en una finca arrasada por el fuego 

Antonia sobre los helechos donde fue encontrada. IMAGEN DE KORO LÁZARO
Antonia sobre los helechos donde fue encontrada. IMAGEN DE KORO LÁZARO

Hay cosas tocadas por la Vida, pequeños milagros increíbles que emocionan y personas que caminan sin intuirlo con la buena suerte sobre sus hombros quizás como karma a sus buenas acciones, sólo así se entiende que le hagan un regate tan grande a la tragedia cuando les roza. 

Casas, tenás, fincas, campos, animales que se salvan inexplicablemente cuando todo ha ardido a su vera, propietarios que logran salvar sus posesiones en el epicentro del incendio mientras a otros, en igualdad de condiciones, el fuego no les da tregua. 

Antonia es la cara de todos ellos, un milagro de cuatro patas ejemplo de lo inexplicable. Esta burrita gris de la tercera edad (31 años) ha sobrevivido guareciéndose en apenas unos metros de helechos verdes, en una finca totalmente arrasada por el fuego en el terrible incendio de la pasada semana en Acebo. 

Su historia está marcada por la suerte. Terminó su 'vida laboral' en el campo y a diferencia de otros equinos con un final más duro e incierto, su dueño, José Seco, un agricultor acebano, decidió como él dice ''darle una buena jubilación porque me había trabajado muy bien''. Antonia "se la merecía" y el animalillo pasó a ser la mascota de él y su mujer Margarita Cortés y por extensión de su familia y algunas vecinas que le traían de comer. Conocida en todo el pueblo  como ''la burrita de José'', Antonia tenía en los últimos tiempos su casa en una finquita con hierba y agua en el paraje de El Linar, cercano a la piscina natural de Jevero y a la presa de la Cervigona. Allí acudían con frecuencia su dueños octogenarios tocando el claxon de su furgoneta C15 para avisar a la burrita que la visita, la comida y el cariño llegaban. 

Nadie podía presagiar que Acebo sería este año escenario del mayor incendio de nuestro país y que las llamas lo arrasarían por los cuatro costados llegando también a Hoyos o Perales del Puerto.

Rumiando la tragedia

El ''preaviso'' de que algo malo se cernía fue el primer incendio que se desató una semana antes por un rayo en la Cervigona y que se reavivó días después. El Linar, muy por debajo de aquella zona, era aun un paraje seguro aunque por poco tiempo. El pasado jueves día 6 de agosto arrancó lo que serían tres días interrumpidos de fuego y destrucción en Acebo que pronto se propagaron a otros pueblos de la Sierra de Gata.

Una llamada alertó a José y Margarita de que la humareda en la zona de la Osa y Jevero no tenía muy buena pinta. Sin tiempo para reaccionar como les pasó a otros muchos ganaderos y propietarios de fincas, cuando llegó el dueño de Antonia, las autoridades ya no dejaban acceder a la zona. 

Detrás de la barrera, el panorama era desolador, el incendio avanzaba veloz sin tregua con llamaradas desmesuradas que arrasaban con todo lo que encontraban a su paso. No había lugar para la esperanza. ''!José, olvídate la burra se ha abrasado viva!'', le decían los más brutos del lugar sin tapujos. Quizás algún bombero forestal, alguien que le haya pillado por allí le habrá abierto la puerta, o a saltado la tapia de la finca alambrada, se decían para consolarse los que la conocían sin ningun convencimiento. Pero la realidad era tozuda: ardía el Linar, la Cervigona, la Osa, el pico de Jálama, avanzaba hacía Castilla, comenzaba a subir por el Teso Porras...aquello era una jaula sin escapatoria. 

Llega el milagro

Pero ante tanta realidad... ¡llega el milagro! hay noticias,  alguien la ha visto, ¡Antonia está viva, no se ha quemado! Explotan las lágrimas de tensión de los que la conocen. Es alegría contenida, no hay lugar para celebraciones, el campo sigue ardiendo y los compañeros del pueblo aún esperan su milagro, otros saben que para ellos no ha llegado y se ha quemado su ganado. 

Hasta el día siguiente no la podrán rescatar, el acceso es casi imposible y sacar un animal que apenas camina sería un riesgo al pasar por zonas aún con fuego. Antonia se ha quedado en la parte que los expertos denominan ''zona segura'', es decir donde ya se ha quemado y,en principio, es difícil que el fuego vuelva. Consuela saberlo pero no mucho, el miedo es libre...y la noche muy larga. Las preguntas se agolpan: y si cae una pavesa, y si cambia el viento...muchos no estarán tranquilos hasta que no la saquen de allí. No hay tiempo de recrearse en la idea, esa noche el fuego devora el campo a mordiscos: el Teso Porras, el puerto viejo,  la Candelera, camino a Carreciá, La Vega, va camino Hoyos... y desalojan Acebo. Muchos se van y otros se quedan. Los dueños de Antonia y su familia valoran y deciden quedarse apoyando también a sus familiares que tienen tierras y ganado. Cada lugareño ha tomado libremente la decisión que ha creído conveniente y ninguna es reprochable.

Rescate entre cenizas

Apenas llega el día, Acebo es un pueblo sitiado, vacío, recorrido coche arriba y abajo por los lugareños que con las primeras luces  van a comprobar sus tierras, el estado de sus ganados... Hay silencio de tragedia, solo se oyen las sirenas de los bomberos y forestales. Una nube anaranjada de humo cubre la zona fantasma que durante la noche ha ardido, huele a madera quemada, a noche en vela, a decepción...

José y su familia cargan la C15 destartalada con un barreño, agua y pan para llevarle al animal que lleva todo el día sin ingerir nada. El camino de la piscina de Jevero hacia la presa es como un dado de la suerte, zonas arrasadas alternadas con otras de huerta donde parece que nunca ocurrió nada. Son los indultos del fuego y el viento que sólo los expertos entienden, y a veces ni ellos.

El Linar, es un paisaje lunar, gris, arrasado, con los árboles luciendo como esqueletos negros que se mecen como fantasmas...el corazón se encoge...¿habrá sobrevivido el animal a la noche? Su dueño toca el claxon, el primer sonido familiar para la burrita después del rugir del incendio, le tiene que alegrar piensa. 

Antonia se ha salvado sorprendentemente encima de unos centímetros de helechos y de hierba verde mientras el infierno le rodeaba con temperaturas imposibles. 

''Fíjati si tien inteligencia el animal que ha buscao un sitino donde ir escapando del fuegu'' dice un lugareño. 

Antonia está triste, cabizbaja, como en shock... No podemos ni imaginar lo que este animal ha vivido, da alegría verla y ganas de llorar. "Ya pasó, te vamos a sacar de aquí!", le dice José. Le dan agua, no quiere y con mucha dificultad consiguen que ande, el ceniciento escenario es dantesco."¡Vamos Antonia, que no se apaguen los motores!", le anima para que camine. Antonia tiene lágrimas en los ojos, impacta verla. Todo es explicable, pero desde el corazón podemos creer que le da pena ver toda la destrucción que hay a su alrededor. "'¡Está viva, José!" le dice un lugareño en camino y él asiente La burrita Antonia. IMAGEN DE KORO SECOcomo quien no sé cree todavía que haya tenido tanta suerte.  Su sobrino Kevin que no lo sabía se cruza en la carretera: "¿Antonia? ¡Madre mía!! si la daba por muerta", exclama y entonces José es aun más conscientes del milagro que tiene entre las manos. Igual que le ocurre a José Luís Chanca, ''el picali chico'' que conoce a la Antonia y que ha salvado su finca, sus cabritas y su nave cuando las creía pasto de las llamas. ''Alguien me cuida desde el cielo'', suspira. 

Nuevamente bendecida

A su llegada al pueblo a Antonia la espera su dueña, las vecinas y la familia que la acarician aun incrédulos, le dan de beber y comida.

Después de descansar la llevarán a su nuevo hogar, un pequeño huerto de naranjos en el pueblo donde pasará a buen recaudo los días siguientes. La pesadilla para ella ha terminado aunque a Acebo y a la Sierra de Gata aún les quedarían muchas horas de desgarrador incendio. Estabilizada la situación dos días después, se abren las carreteras y regresan los evacuados, llega entonces la siguiente suerte de Antonia, los voluntarios de Emergencia animal, veterinarios, auxiliares y personas particulares que de forma altruista y admirable han cruzado el país con sus propios medios para rescatar y curar animales quemados en Sierra de Gata. 

Una coincidencia pone en contacto en la puerta del ayuntamiento a José y Margarita con los veterinarios y auxiliares de la asociación El Refugio del Burrito  que no dudan en acudir a revisar a Antonia. Durante casi cuatro horas la exploran, la cuidan y le curan los casos y las pezuñas quemados con una gran dedicación y cariño. Ella ni rechista y en José Seco y su burrita Antonia. www.sierradegatadigital.es IMAGEN DE KORO LÁZAROcuanto la dejan en el huerto sale trotando con sus patitas vendadas, está feliz. "Les haremos una donación a la asociación para ayudarles en su labor, sin duda",explica José inmensamente agradecido. 

La sonrisa en la cara de sus dueños es de felicidad son conscientes del milagro que han tenido, Antonia sin duda es una burrita con mucha suerte. "Ojalá a todo el mundo le hubiera pasado igual con su ganado" suspira anhelante su dueño consciente de la dureza de lo ocurrido para el pueblo y de lo que está por venir. "Ahora la tenemos aquí pero no hay mucho sitio para que esté...tendremos que ver qué hacemos más adelante", suspira...de momento hay que digerir todo lo ocurrido.

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