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A la sombra bajo el sol extremeño

Sara Fontán / SierradeGatadigital | 22 de julio de 2013

Rincón del jardín en Sietevillas
Rincón del jardín en Sietevillas

Sietevillas ha transformado una clásica residencia señorial en una casa rural por la que han pasado, en los seis últimos años, más de cinco mil personas, que han regresado a casa con la sonrisa en sus labios y la sorpresa en su memoria 

Para saber cómo es un alojamiento rural bien pueden servir los comentarios de aquellos que visitaron el lugar antes que nosotros. Al teclear “Sietevillas” en el buscador, el buscón de buscones te muestra un listado de comentarios de gente encantada con el lugar por su amplitud, sus servicios y su entorno. 

El embrujo de esta casa señorial emana de sus elementos originarios. El pozo, que refleja tu silueta doce metros más abajo, desde donde sube o hasta donde baja la hiedra tupiéndose. Las piedras que hogaño son mesas, bancos y fuentes antaño fueron canchales, aljibes y pilones.

La rehabilitación de esta casa ha introducido ingeniosas soluciones arquitectónicas para, por ejemplo, dar salida independiente a todas sus habitaciones sobre el jardín. Mirando al oeste, las Villas de Hoyos, Acebo y Perales del Puerto. Esta tercera habitación, la favorita de los inquilinos, recuperó en sus paredes unos frescos originales de principios del siglo pasado que reflejan, con el encanto inocente de sus dibujos y colores, momentos de la vida cotidiana serrana de principios del siglo XX.

La comodidad del lugar “atrapa” a sus visitantes en un entorno ideal para grupos de familiares y amigos. Dos grandes salones, chimenea, dos cocinas, bodega para reuniones.

La vivienda mira al hermoso jardín de 1.500 metros cuadrados de árboles originarios acompañados ahora de lavandas, celindas y nuevos rosales que florecen bajo la mirada atenta del gran abeto, que se erige en el centro del paseo de olivares que te llevan al limonero siempre esplendoroso. 

El jardín cumple todos los requisitos del paisajismo experto: la sorpresa, los rincones escondidos, la armonía de especies y colores, la luz, la umbría y el agua, agua que mana en esta Extremadura verde en el corazón de la Sierra de Gata. 

El olor a hierba segada, la frescura de los caños, las fuentes, invitan al viajero a la contemplación del grandioso monte Xálima que da sombra a Acebo y a Hoyos que, como Perales del Puerto, también se divisan desde el corredor y las dos terrazas. 

El pilón es el lugar favorito de los niños, donde contemplan asombrados las esquivas ranas. Sombras para la lectura, pista de padel para el deporte y una práctica e indispensable barbacoa para comer a la sombra o cenar viendo la Cruz del Norte en uno de sus cenadores de piedra.

Los techos de cinta y saetino, las vigas de castaño originales, la bodega tan llena de viejos recuerdos, trastos maravillosos concebidos para el trabajo que hoy sirven para hacer única la experiencia del viaje. La casa conserva la cantería original y un mobiliario elocuente de otros tiempos que combina con todas las comodidades propias del siglo XXI. 

La residencia de la familia de don Francisco Vicente Gómez fue abierta al público en el año 2006 conservando su esencia sin descubrir que ha sufrido grandes transformaciones para adaptarse a su nuevo uso y lograr el confort total de sus moradores. 

En estos seis años han pasado por aquí familias y grandes grupos de amigos --la casa tiene hasta 15 plazas en seis habitaciones, cinco de ellas con gabinete-- que suman más de cinco mil viajeros de todas las edades y todos los puntos de la geografía nacional. Quien viene regresa buscando la comodidad de la casa, sus grandes salones, su bodega fresca, sus amplios dormitorios, su entorno incomparable.

Sietevillas debe su nombre a la mancomunidad de pastos que existía en la Edad Media y a la que pertenecía la localidad donde se encuentra, Villasbuenas de Gata, y su historia a las hermanas de Don Francisco, Esperanza y Felipa, autoras de unos de los jardines más hermosos de la localidad donde el burro movía la noria que hacía subir el agua para regar rosas y frutales hasta donde llegaba jugando por canales de piedra.

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