¿Parque Cultural...?

Existe, en este tiempo nuestro que nos ha tocado vivir, la tendencia a etiquetar todo con adjetivos grandilocuentes y exagerados que ocultan el sustantivo y lo sustantivo de las cosas. Algo así como aquellos decorados hechos con simples fachadas de tablas que aparentaban cantinas y bancos de western americanos o de cartón piedra con que se simulaban templos y palacios en las películas del Egipto faraónico. Esta corriente o moda de fuegos de artificios, propensa a deslumbrar a primera vista y dejar boquiabiertos al personal, abarca todos los campos imaginables. Pero donde más se ha extendido y mayores estragos han causado ha sido en el campo de la gobernanza política a la hora de realizar sus proyectos. Da igual el partido que sea, para evitar susceptibilidades (rojo, azul, naranja o morado), las luces de neón utilizadas como reclamo de la atención y deslumbramiento de la clientela, las utilizan todos por igual con tal de llevarlos a su atracción y marearlos placenteramente. Eso sí, después de pagar religiosamente la entrada a la noria, a los coches de choques o al tren de la bruja porque gratis no sale nada en la vida y porque toda la parafernalia, el escenario, la tramoya, el ferial, el parque de atracciones hay levantarlo con dinero para ponerlo en funcionamiento. Lo malo es que quienes idean tales proyectos de película, deslumbrantes y faraónicos, que algunas de las veces acaban en ruinas clamorosas (aeropuertos y puertos fantasmas, ciudades de la justicia inacabadas o instalaciones deportivas convertidas en escombreras) no los  sufragan de su bolsillo ni corren a cargo de su cuenta corriente sino de esa otra cuenta intangible e invisible, para algunos ingenuos inagotable, a la que todos contribuimos con nuestro trabajo conocida como Presupuestos Generales del Estado. 

Sirva esto a modo de introducción y situémonos en la Sierra de Gata y en el caso concreto que quiero tratar, el llamado y publicitado por los políticos de turno como “Parque Cultural”. Todo ello seguido, por incongruente que parezca, aparece escrito y se lee, aunque chirríe, como: “Parque Cultural Sierra de Gata”. Yo, la primera vez que lo leí, pensé que había una errata y que quien lo escribió quiso plasmar, negro sobre blanco, Parque Natural Sierra de Gata, pero no, en las siguientes líneas del texto se repetía, una y otra vez, “Parque Cultural Sierra de Gata”. Quizá, con el tiempo, no sería una mala solución para la Sierra de Gata, amenazada por el abandono, que fuera un Parque Natural pero me temo que no está la caja para darnos alegrías. Atónito y sorprendido por aquella conjunción de palabras, por aquel insólito título, por aquel contubernio de letras, quise salir de mi asombro y recurrí al diccionario de la RAE en busca del significado de “Parque”, que ya conocía, y de las posibles acepciones del sustantivo, que se me podían escapar, por ver si rimaban con el adjetivo “Cultural”. Permítame el lector que, tal cual aparece en el diccionario mencionado, reproduzca aquí su significado para conocimiento general de todos aunque ya sea conocido por la mayoría. Parque: “en una población, espacio que se dedica a praderas, jardines y arbolado, con ornamentos diversos, para esparcimiento de sus habitantes; espacio cerrado, con vegetación, destinado a recreo o caza, generalmente inmediato a un palacio o a una población; Espacio natural, legalmente protegido que, por su belleza, o por la singularidad de su fauna y flora, posee valor ecológico y cultural. Las acepciones de parque, por otra parte, eran las siguientes: natural, infantil, automovilístico, empresarial, industrial, tecnológico, acuático, atracciones, inversiones, ocio, eólico, móvil, nacional, temático, zoológico” mas “cultural”, como temía, no aparecía por ningún lado. Está claro, el sustantivo “Parque” no admite el adjetivo “Cultural”, al menos por el momento. Como “Cultural” queda circunscrito, mientras los académicos de la RAE no digan lo contrario, a ámbitos como: institución, asociación, etc.

 Hecha esta aclaración, por lo llamativo del caso y sin ánimo de querer dar lecciones a nadie, nada más lejos de mi intención, quedaba por dilucidar quién o quiénes había detrás del rimbombante e incongruente título de “Parque Cultural Sierra de Gata”. Entre sus promotores e inspiradores esperaba encontrar a personas vinculadas al mundo de la cultura (poetas, escritores, cronistas, restauradores, pintores, en general personas anónimas o conocidas afines a la difusión de las artes y el conocimiento) mas cuál fue mi sorpresa que todos ellos eran empresarios de alojamientos rurales y dueños de restaurantes. Vaya por delante mi admiración y respeto por todos ellos y ellas, tanto por su iniciativa y espíritu empresarial, necesario como agua de mayo para nuestra tierra por lo que a inversiones y creación de puestos de trabajo se refiere como por su contribución a hacer de la Sierra de Gata un lugar de atracción turística en alza y confortable. Mas si ello es lo que al parecer se pretende con el dicho “Parque Cultural”, potenciar turísticamente la Sierra de Gata, podían haber hecho uso del más apropiado título de “Parque Empresarial Sierra de Gata” o de la ya existente “Asociación Empresarial Turisgata”. ¿Por qué entonces esta denominación de “Parque Cultural” para una actividad que poco o nada tiene que ver con la cultura sino más bien con el mundo empresarial y turístico? ¿Por qué crear algo cuando ya existe otra organización empresarial similar para tal fin? Disfrazar las cosas, darle apariencia de aquello que no es y jugar con las palabras como el prestidigitador hace con las cartas en sus trucos de magia crea una ilusión pasajera en el receptor, pero nada más. El espectador sabe, en todo momento, que nada de cuanto ve en ese momento es real por mucho que se esfuerce el mago de la chistera en hacerle creer lo contrario. Crear de nuevo cuño nuevas plataformas u organizaciones o “parques”, cuando ya existen otras similares que pueden realizar la misma labor, en los tiempos que corren es simplemente dispendio y despilfarro (4,25 millones de euros en 4 años es el presupuesto del Parque Cultural Sierra de Gata). Si de verdad quieren potenciar el turismo en la Sierra de Gata, lo cual sería aplaudido por todos, existen otras formas de hacerlo, ya que tiene nuestra sierra encantos naturales a raudales y atractivos de sobra para justificar cualquier campaña turística sin necesidad de recurrir a artificios semánticos y tramoyas teatrales.

Para terminar,  ya que no se utiliza adecuadamente y se tergiversa el significado de la palabra “Cultura” en tan pintoresca creación, no estaría de más preocuparse de verdad por ésta para evitar su desaparición y degradación. Me refiero a la cultura ligada a los pueblos de la Sierra de Gata, la de sus costumbres y tradiciones, la de sus trabajos y elaboraciones, la de su hábitat y sus especies, la de su historia, su gastronomía, su arquitectura y su lengua porque en ella es donde realmente se encierra la esencia que la define y que encandila a todos cuantos la descubren. Esta cultura al borde de la extinción, construida a lo largo de los siglos por los hombres y mujeres de esta tierra y hecha de cosas sencillas y entrañables, es frágil y vulnerable frente a las nuevas tendencias y modas que amenazan con fagocitarla. Por ello, hoy más que nunca, es necesario protegerla y potenciarlas para que no caiga en el pozo del olvido, para que perviva y se perpetúe y para que siga enriqueciendo con su rico acervo nuestras vidas y las de las generaciones venideras. Para tal fin, quizá, sí fuese necesario y urgente crear plataformas u organizaciones destinadas a evitar su desaparición y que contribuyesen a su difusión. Tal vez un “Parque Cultural Sierra de Gata”, con el permiso de la RAE.

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