Ahora, diosa Palas Atenea, a los hombres que labran la tierra, siembran los olivos, crean los olivares, los cuidan y los mantienen con el sudor de sus frentes y el dolor de sus encallecidas manos. Ahora, ellos y ellas, reciben las migajas. A ti, por una olivera, te premiaron con el nombre de una ciudad, a los extremeños del norte, diosa Palas Atenea, que han sembrado miles de ellas, lo coges o lo dejas, un cacho de pan y verea

El campo
de olivos
se abre y se cierra
como un abanico.
Sobre el olivar
hay un cielo hundido
y una lluvia oscura
de luceros fríos.
….
Federico García Lorca. Paisaje.

“Extremadura, campo de toros heridos, que ya braman”. Ahí cantaría hoy nuestro poeta Pablo Guerrero, a su Extremadura, viendo a los olivareros del norte cacereño exigir un precio justo para la aceituna manzanilla. La lucha por la dignidad y el trabajo. Por el reconocimiento de un producto que no se quiere seguir entregando a la perra chica, ni tirarlo a la repelina.

Qué orgullo de pedazo de tierra, ¡dagal!. El corazón es un latido fuerte y seco, viendo a los miles de aceituneros bregar entre la Torrecilla de los Ángeles y el Pozuelo de Zarzón, para poner los puntos sobre las ies en el sitio justo que han querido y acordado, en la Villanueva de la Sierra.

Extremeños del norte,
aceituneros altivos,
decidme en el alma quién,
¿quién levantó los olivos?.

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Y es que estaba escrito que tenía que suceder, porque los olivareros del norte de Extremadura, del norte de Cáceres, quieren que se entere todo el mundo de que están artos que se les tome el pelo de esta manera.

Da pena ver tanto olivar abandonado, ¡prenda!. Tanta olivera retorcida de dolor y sufrimiento entre pinares y carrasqueras.

Ellas que se precian de ser árboles afables, queridos en la su sombra por los árabes. Az-zait, jugo de la oliva, base de la dieta mediterránea. Árbol sagrado, mitológico y mágico. Árbol de la paz, paloma del diluvio. Aceite de luz, perfume de baño. Testigo de Getsemaní, oro líquido atesorado.

Dicen que cuando te encuentras un olivo sin hojas, medio perdido, sólo tienes que hablarle, cavuchear la tierra de su tronco. Al poco tiempo, agradecido se levantará de nuevo sobre sus tenues raíces y te ofrecerá los mejores frutos de su cuerpo.

Un día, cuenta la leyenda, llegó a Ática, la diosa de la sabiduría Palas Atenea. Quería presentar ante Júpiter, en el Olimpo, un regalo que fuese preciado por la humanidad y a la vez resultase muy útil. En esto llegó Poseidón que, pretendiendo lo mismo, montó un caballo más rápido que el viento. Atenea, impasible, golpeo su lanza contra el suelo e hizo brotar un olivo. Extendió una rama hacia Júpiter y le dijo: estás ante un árbol fuerte, tan longevo que puede vivir muchos siglos, su fruto será de extraordinario servicio para la humanidad y su sombra fuente de fertilidad. Júpiter, sorprendido, aceptó el regalo y decidió que la ciudad de Ática llevase desde entonces el nombre de Atenea.

Ahora, Palas Atenea, a los hombres que labran la tierra, siembran los olivos, crean los olivares, los cuidan y los mantienen con el sudor de sus frentes y el dolor de sus encallecidas manos. Ahora, ellos y ellas, reciben las migajas. A ti, por una olivera, te premiaron con el nombre de una ciudad, a los extremeños del norte, diosa Paleas Atenea, que han sembrado miles de ellas, lo coges o lo dejas,  un cacho de pan y verea.

¡Qué lus compraoris delas nuestras azetunas apoquinin las perras justas, vélequi!.... To, pu sinu, cúmu vamos a sostenel los nuestrus olivaris i las nuestras familias, paí.

¡Chivu juera, duru pa la montera!.

Gata, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Echemus un ratinu pa unas cuentas, anqui sean cochineras.

Los costes de producción del verdeo se sitúan, en 2014, entre 0,66 y 0,80 euros/kilo, lo que mantiene al cultivo en pérdidas. Según las estimaciones de los servicios técnicos de ASAJA-Sevilla la cosecha de aceituna de mesa de la campaña 2014-2015 será la menor de los últimos nueve años. La falta de lluvias durante la primera quincena de septiembre ha rebajado las previsiones publicadas por Interaceituna, a fecha 31 de agosto, en las que ya se estimaba una producción inferior a la de la pasada campaña.

Que paguen, al menos el coste de la producción y de la recogida de aceituna y que mos quei argu paí, ¡nu!. Porque el valor de la aceituna que producimos, que es de mucha calidad, hay que repartirla y el agricultor sólo quiere recibir su parte.

Ya sé que las negociaciones son muy difíciles. No envidio para nada a la Mesa, menudo papelón. Pero yo os digo: si el kilo de aceituna aliñada esta en la tienda a 6 ó 7 €/Kg, que menos que 1 €uro/Kg, (16,5%), para el productor.  Lo suyo sería que este €uro lo pague el comprador, pero si esto no es así, que sean las administraciones las que asuman la diferencia. Por eso insistimos en que la subvención debe serlo al kilogramo de aceituna recogido y vendido y no al árbol que deja pudrir el producto en el suelo y ni da ganancias ni puestos de trabajo.

Esto es, si se ha conseguido 0,51 €/Kg para la aceituna manzanilla de primera y 0,33 €/Kg para la aceituna manzanilla de segunda, en venta directa al comprador, (0,57 €/Kg y 0,39 €/kg, respectivamente, en venta a cooperativas), las administraciones tendrían que aportar, redondeando, el 0,50 €/Kg ó 0,60 €/Kg, esto es, lo que resta hasta llegar a 1 €uro por kilogramo. Es una cantidad que puede repartirse a porcentaje por cada administración autonómica, provincial y local. No es tanto dinero. Si no se irá, de entrada, en pérdidas por lo que no queda el asunto como para arrendar las ganancias.

Esto sería fácil de conseguir a través de la unión de los olivareros y esta sólo puede darse, en lógica, por cooperativas y, digo más, por la unión de cooperativas comarcales, provinciales, autonómicas y nacionales.

Ya sé que algunos pueblos tienen malas experiencias. Cosas que, a veces, no  salen bien. También sé que hay pueblos con vecinos y vecinas muy individualistas, muy recelosos del colectivismo y, además, partidarios del inmovilismo. Todo aquel productor que ha abandonado una cooperativa ha ayudado, sin proponérselo, a generar el problema que hoy tenemos, ya que ha reforzado la posición especuladora del comprador.

¡En fin¡. Lo que yo quería deciros es que en todavía, en la actualidad, el olivo se sigue considerando como un símbolo de paz y de vida. Es un árbol que se adapta a diferentes diseños paisajísticos sin perder su majestuosidad, formando sus olivares cortafuegos de protección.

Siendo su fruto un elemento indispensable de nuestra gastronomía, constituyendo uno de los pilares en que se sustenta la dieta mediterránea, y dada la cantidad de productos que se derivan de los diferentes tratamientos del aceite, no entendemos porque no tenemos ya una denominación de origen como aceituna de manzanilla y aceite del norte de Cáceres y menos todavía entiendo el por qué la aceituna no tiene un precio justo.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!.

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En el artículo, algunos versos sueltos tomados de “Aceituneros”. Miguel Hernández.

Foto SierradeGatadigital.es, de septiembre 2014.

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