“Mejor echar las aceitunas a la repelina, que venderlas a la perra chica”, escuché este puente de Todos los Santos a un agricultor aceitunero serragatino, cuya finca rebosaba de este producto con las ramas abangadas al suelo.

Es la cara y cruz, de la misma moneda, para la aceituna de mesa extremeña. Un año el producto es tan escaso que no produce ganancias y otro año, cuando es abundante en fruto, tampoco, pues los precios son irrisorios. En ambos casos no se cubren los gastos de producción, siendo los olivareros los único que pierden en la cadena comercial.

Podría decir que ocurre lo de siempre, el dinero se queda en los intermediarios y envasadores, sino fuera porque se está pagando lo mismo en la venta intermediada que en la venta directa para el aderezo. El precio del kilogramo quedó en Sierra de Gata a 0,38 €uros para la aceituna de mesa de primera y a 0,18 €uros para las que no superan la criba. Pero lo realmente cruel del proceso es que, ante la gran carga de aceituna en los olivos serragatinos, los compradores han cerrado muy pronto la adquisición, dejando el producto en el árbol.

La aceituna se está pagando muy por debajo de lo que cuesta producirla al olivarero. Este cálculo, que se situa en torno a los 0,90 €uros/Kg queda próximo a la reivindicación olivarera de 1 €uro/Kg y lejos del 0,38 €uros/Kg ofertado finalmente.

La solución vuelve a plantearse desde la unión voluntaria en cooperativas, que potencie el asociacionismo, de triste reminiscencia en Sierra de Gata, lo que provoca no pocos recelos, y desde la intervención del Estado. En California, recordaban no a poco las asociaciones agrarias, existe una especie de contrato con el Estado, que actúa como mediador, llegando a pagarse a 1,10 €uros por kilogramo de manzanilla. Precio que parece justo. España exporta a Estados Unidos de América el 30% de su producción de aceitunas de mesa. Habrá que ver, por tanto, el precio venta al público por kilo de aceituna dulce, para comprobar dónde se quedan realmente las ganancias de un producto cuyo aderezo no supone un excesivo coste.

La intervención mediadora del gobierno provocaría un acuerdo nacional en los precios, para equiparar el precio del kilo de aceituna al coste real de producción y evitaría la concesión de subvenciones, algo no desechable. La potenciación del asociacionismo, mediante cooperativas comarcales, correspondería más al ámbito de las comunidades autónomas, organismos provinciales y mancomunidades y a estos corresponde también solicitar ayudas especiales para estas zonas serranas, con muchas limitaciones naturales. Tal vez la idea del Parque Cultural Sierra de Gata deba recoger todo esto, en pro de la potenciación y recuperación de la agricultura y ganadería, lo que implicaría un mayor interés de nuestras colectividades de vecinos y vecinas. Una agricultura y ganadería apropiada al hábitat de la Sierra, frente al despropósito y elevado gasto de las inversiones en las estériles plantaciones de pinares, que han mermado el pasto y elevado el riesgo de incendios.

Este debe ser el último año en que la solución más viable pase por dejar madurar el producto en la olivera, antes de ser recogido y llevado a la almazara. Ni siquiera sabemos los precios de este año para el kilogramo de aceituna de molturación ni el del litro de aceite.

Ha poco saltó a la prensa la noticia de la importación de aceite embotellado de Italia ante la falta de este producto en España, por mayor verdeo de 2012. Este aceite se vende con la marca Italia. Lo curioso del tema es que se trata del mismo aceite que nosotros le vendemos a granel a los italianos. En las etiquetas de las botellas reza: “Made in Italy”, sin aludir a que el oro líquido procede de Marruecos, Grecia y, sobre todo, España, del que Italia es el principal comprador europeo y el segundo mundial tras los Estados Unidos de América. Italia tiene denominación de origen con la que compite en el mercado sobre la base de una mezcla de aceite virgen extra español y aceite italiano. Así con un aceite español de 0,8 grados de acidez y un aceite italiano de 2 grados de acidez, consigue un precio mucho más competitivo, de cara al consumo directo, que sus potenciales rivales.

Esto quiere decir que España debe regular su mercado interior y exterior consiguiendo denominación de origen a precios competitivos y exigir a la Unión Europea que proteja las marcas puras, incluyéndolas en sus ayudas económicas, frente a las mezclas, que manipulan el grado de acidez, y que deberían estar radicalmente prohibidas.

Según los datos de que dispongo, España exportó 849.414 toneladas de aceite en 2011, representando más de la mitad de la producción de la Unión Europea y el 40% de la producción mundial.

Estos bajos precios, con poca rentabilidad de las explotaciones, animan a la dejadez del olivar y al arranque de la planta. Con precios justos se estimularían las depauperadas economías familiares ya que, en épocas como esta de excelente producción para la Sierra, podría generar muchos puestos de trabajo de temporada que ayudarían a frenar la desidia y el abandono de los pueblos.

La producción de aceituna de mesa en Extremadura, para este año, se acercará a los 100 millones de kilos, 40 millones para la manzanilla cacereña y 60 millones para la carrasqueña pacense, lo que supone una cosecha que dobla las cifras del año anterior, y es considerada como una campaña medio-alta.

Tenemos al alcance de la mano un objetivo más que cumplir de recuperación del olivar serragatino, con una aceituna que asuma el coste real de las explotaciones, y un compromiso para que el desanimado olivarero deje de decir aquello de que “la molienda no tiene enmienda”.