La bandera de la Segunda Repuìblica EspanÞola copia
La bandera de la Segunda Repuìblica EspanÞola copia

Fueron unas elecciones municipales las que dieron el triunfo a las candidaturas republicanas y obligaron al rey Alfonso XIII a abdicar y marchar al exilio. Así de sencillo, sin violencia.

Don Silvestre.- Los tiempos felices de la Segunda República Española se vivieron como una experiencia emocionante, imposible de repetir.

Aniceto.- Usted mismo, que es más viejo que yo don Silvestre, ha conocido la última etapa de la dictadura y toda la transición española hacia la democracia.

Don Silvestre.- Como el dicho, soy viejo, pero no pellejo.  Sí, es cierto Aniceto, hay un parecido de ilusión de __La Escuela de la Repuìblica__ Cartel copiatodo aquello con esto, en tanto supusieron momentos claves para la democratización y modernización de España.

Aniceto.- Ese día de esperanza del que tanto gusta hablar a usted mismo. Un día capaz de despertar las más insólitas perspectivas económicas, sociales y laborales para las clases obreras y trabajadoras de la nación.

Don Silvestre.- Luego vendría un largo día de dolor, consecuencia del hierro caliente de los sables sobre el viejo país de los dientes afilados.

Aniceto.- ¿Y ahora qué, don Silvestre? Ahora es una guerra fría capaz de dejar desnudas a las familias sin hogar. 

Don Silvestre.- Disparas certero, Aniceto. Ya lo tenemos dicho aquí: políticas económicas austericidas contra el trabajador, gentes embargadas y entretenidas en su pobre vivir diario. 

Aniceto.- En tanto, sin el más mínimo escrúpulo, sobre los oscuros nubarrones negros, miles de buitres trasladan su corrompida presa allende las fronteras y la ponen a buen recaudo en cualquier paraíso fiscal.

Don Silvestre.- Más que buitres, yo le diría a usted, que por su porte, parecen pomposas águilas reales ibéricas.

Aniceto.- Por su porte y lo valioso del transporte, diría yo.

Don Silvestre. Gente insaciable y miserable empobreciendo nuestra España.

Aniceto.- Y los humildes asaetados a impuestos.

Don Silvestre.- Se trata, sin lugar a dudas, de un considerable capital vistiendo de colores paraísos ajenos.

Aniceto.- Mientras el blanco y negro, fíjese usted en la transcendencia del hecho, se pudre en sepia sobre la superficie de las fotos de la gente corriente.

Don Silvestre.- ¡Cuantos maestros y médicos podríamos tener! ¡Qué tranquilidad en las pensiones!

Aniceto.- Y los niños, ateridos de frío, lavándose las caritas en el agua sucia, bajo cualquier puente.

Don Silvestre.-  (Cantando). Miles de buitres callados, van extendiendo sus alas.

Aniceto.- (Cantando). Maldito baile de muertos, pólvora de la mañana (1).

Don Silvestre.- Se envuelven en la bandera de todos para esconder sus vergüenzas.

Aniceto.- Muchos corruptos, que se dicen patriotas, empobrecen la nación.

Don Silvestre.- Pero ..., volviendo al tema que nos trae hoy aquí, Aniceto. Recuerda que fueron unas elecciones municipales las que dieron el triunfo a las candidaturas republicanas y obligaron al rey absolutista Alfonso XIII a abdicar y marchar al exilio. Así de sencillo, sin violencia.

Aniceto.- El pueblo lanzó un mensaje claro de cambio. Políticos carismáticos, educados políticamente y con gran altura de miras, se reunieron para preparar el gran momento.

Don Silvestre.- Sí, así fue e inmediatamente se formó un gobierno provisional formado por republicanos de izquierdas y de derechas, por miembros de los partidos socialistas y nacionalistas.

Aniceto.- En la Transición también se llegaron a acuerdos que propiciaron, en principio, gobiernos de partidos de centro y, posteriormente, partidos de izquierdas.

Don Silvestre.- Se sentaron todos juntos con un conocimiento republicano profundo de militancia española, con el ansia de emprender reformas que transformaran la nación.

Aniceto.- Ahora se sientan, como jóvenes adolescentes, con la clara intención de discutir sobre la premiada serie de Juego de Tronos, como si el hambre de los pobres, que espera impaciente una solución, se tratase de un entretenido divertimento televisivo.

Don Silvestre.- Entonces, urgía redactar una constitución republicana, el sufragio universal, la reforma agraria, la reforma militar, la reforma laboral, una  legislación educativa que erradicara el analfabetismo reinante... 

Aniceto.- Luego, fue urgente aprobar una constitución democrática, abordar la modernización de la industria, reformar las leyes laborales, universalizar la sanidad, la educación, las pensiones, reconocer los derechos de la mujer...

Don Silvestre.- Ahora, no tienen vergüenza.

Aniceto.- Ahora, no son dignos. 

Don Silvestre.- En definitiva, se pretendió entonces reconquistar los derechos y libertades perdidos con la abolición de la Constitución de Cádiz.

Aniceto.- Al fin y al cabo, se quiso luego recuperar los derechos y libertades perdidos con la abolición de la constitución republicana de 1931.

Don Silvestre.- Se pierde todo tan fácilmente, Aniceto.

Aniceto.- Se vuelve atrás con tan poco esfuerzo, don Silvestre.

Don Silvestre.- La derecha tradicional anduvo mucho tiempo desorganizada tras la proclamación de la Segunda República y la izquierda radical no dio tregua.

Aniceto.- La derecha tradicional se encuentra ahora enquistada ante los singulares acontecimientos y la Contrato de maestras 1923izquierda radical pidiendo peras al olmo.

Don Silvestre.- Son los cuatro familias de la baraja española dando palos de ciego.

Aniceto.- Con los reyezuelos orgullosos de sus equipos y del ineficaz transcurrir del juego.

Don Silvestre.- ¿Te acuerdas de don Silverio, aquél amigo mío afincado en Madrid?

Aniceto.- Mucho. He leído algunos de sus libros.

Don Silvestre.- Me comentó el otro día que están organizando algunos actos en torno al conocimiento de los años históricos de la Segunda República Española.

Aniceto.- Como no podía ser de otra manera. Pocos se me hacen a mí. Republicanos de derechas y de izquierdas deberían juntarse para difundir el espíritu transformador del 31.

Don Silvestre.- Han organizado una exposición sobre la escuela de la República.

Aniceto.- Yo en una ocasión pude ver un documental, de origen sindical, sobre las maestras de la República.

Don Silvestre.-  La exposición consta de una serie de ilustraciones realizadas a lápiz. Se trata de la recuperación de la memoria de unos años de esfuerzo en lucha por una educación que intentó erradicar el analfabetismo. 

Aniceto.- Aprovechemos para leer o releer el libro homónimo y viajemos por la escuela de la Segunda República Española.

Don Silvestre.- No podemos dejar de recordar el papel fundamental en la difusión de la cultura de las Misiones Pedagógicas.

Aniceto.- A usted, don Silvestre, le comentarían sus padres que en 1923, siendo todavía reino, un contrato de trabajo exigía a las maestras no casarse ni andar con hombres.

Don Silvestre.- No, pero no me extraña. De aquellos polvos estos lodos.

Aniceto.- No sería de los polvos faciales, ja, ja, ja,... porque estaban también prohibidos en el aula.

Don Silvestre.- Los intelectuales tuvieron un protagonismo especial durante la segunda República, algunos se unieron en torno a la Agrupación al Servicio de la República.

Aniceto.- Tenemos una especial predilección por el proyecto de la Barraca impulsado por Federico García Lorca.

Don Silvestre.- También por la Generación del 27.

1.- Fragmentos de Al Alba. Luis Eduardo Aute.

Foto 1.- Bandera de la Segunda República Española. Detalle de un cartel de época. Biblioteca Nacional de España.

Foto 2.- Cartel de la exposición “La Escuela de la República. Memoria de una Ilusión”. UGT-FETE.

Foto 3.- Contrato de trabajo para las maestras de 1923.