sábado. 15.06.2024

Vida o muerte

Nuestro colaborador Agustín Rivas continúa esta semana tratando el tema de la muerte. ¿Por qué llamamos muerte a un suceso, que se podría resumir como “desaparecer” de donde estás? También podemos preguntarnos, si ese desaparecer es dejar de existir, o ”simplemente” dejar de estar a nuestro lado.
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Este tema esta muy relacionado con el anterior, que teóricamente sólo hablaba…? En principio de la muerte. Pero a mí me resulta muy complicado hablar sólo de la muerte.

¿Por qué llamamos muerte a un suceso, que se podría resumir como “desaparecer” de donde estás?

También podemos preguntarnos, si ese desaparecer es dejar de existir, o ”simplemente” dejar de estar a nuestro lado.

Voy a contaros una historieta, pero por favor, no saquéis conclusiones hasta haber llegado al final y luego me podréis decir si la palabra muerte tiene el mismo significado o ha cambiado en algo.

Un viaje

El ambiente es tenso, la atmósfera está cargada con sentimientos encontrados, el aire que se respira parece estar plagado de dudas y miedos de los allí reunidos. Los familiares y amigos muestran su dolor por la inexorable partida de aquel que había compartido tantos momentos dichosos con ellos.

Nadie sabe que decir, los sentimientos por la marcha del ser querido están teñidos por el miedo al olvido. Nadie quiere interferir. Sólo sus miradas expresan las emociones que están viviendo en esos instantes. Él capta todas esas energías que tienen la doble virtud de empujarle hacia adelante, a emprender su viaje por un lado y retenerle junto a sus seres queridos, los que han llenado sus momentos, por otro.

Todos son conscientes de que cuando traspase el umbral estará en la otra vida. Todos saben lo que eso significa y por eso sus deseos más fervientes son que el trance no resulte doloroso. Aunque llevan tiempo preparándose para la separación, llegado el momento se dan cuenta de que es duro ver marchar a alguien. Una última sonrisa acompaña al adiós que pone punto final a una relación de amor largamente mantenida.

Su espíritu, de pronto, se hundo en un oscuro túnel al final del cual brilla una intensísima luz. Una fuerza irresistible le atrae como si fuese un imán, quiere llegar cuanto antes al pequeño punto luminoso que se ha convertido en su única referencia.

Se siente presionado, como si algo o alguien le empujara, mientras va creciendo en él la necesidad de ir hacia la luz. Un último esfuerzo y finalmente se zambulle en una luminosidad increíble que todo lo invade. La presión desaparece, el túnel, la oscuridad, la opresión… todo queda atrás. Siente todo su ser sacudido por sensaciones desconocidas… ¿dónde está? .. ¿qué ocurrirá ahora?... Se siente extraño en un entorno muy diferente al que estaba acostumbrado hasta entonces.

Tímidamente abre los ojos y mira a su alrededor. La luz le ciega en un primer instante pero después empieza a descubrir a su lado formas, rostros que se le acercan. Siente como le tocan, le acarician con sumo cuidado. Se siente sorprendido y sobrecogido a la vez. Ve como unas caras familiares viene a recibirle… todos sonríen… se respira alegría y gozo. No hay duda han venido a recibirle. El viaje ha terminado, ya ha llegado por Fin a la otra vida: UN NIÑO ACABA DE NACER.

Si tomamos los 3 primeros párrafos, parece evidente que estamos relatando un suceso de muerte. Si leyéramos sólo el resto y visto desde el punto de vista del que se mete en el túnel, tiene todo el aspecto de un nacimiento.

Si tomamos todo en su conjunto, como una sola historia, parece que la situación se repite cuando nacemos y morimos. Depende de que lo veamos de un lado o de otro.

Las personas que han estado en trance de muerte y vuelven, siempre nos relatan un pasaje común:

“Se ven entrar en un túnel al final del cual hay una luz”

¿Qué creéis que “ve” el niño cuando está naciendo? Pues ve un túnel (el canal vaginal) y después una luz y personas que se alegran de su llegada. ¿No será que está muriendo a otro lugar o forma de vivir?

Desde luego, es una situación que se puede aplicar por igual al momento de la muerte y al momento del nacimiento.

Un niño cuando nace, se va o muere o desaparece en el lugar que estaba antes.

La persona al morir, se va de nuestro lado, pero hay una parte de ella (los cuerpos sutiles o restos inmortales) que siguen vivos de alguna manera en otro lugar, en otra dimensión, en otro plano… como cada uno quiera llamarlo.

Cuando yo he ido a algún funeral oigo al oficiante decir:

“Hermanos nos hemos reunido para dar sepultura a los restos mortales de… “.

¿A los restos mortales…? Entonces debe haber unos restos NO mortales, unos restos que de alguna forma siguen vivos.

Esto me da a entender que hay al menos otra forma (si es que no hay más) de vida después de lo que hemos llamado muerte.

Y vuelvo con las cuestiones del otro día. ¿No será que hemos considerado que el hombre es solo su cuerpo físico y nos hemos olvidado de los 21 gramos?

No será que lo más importante y además permanece vivo de alguna manera, son esos restos no mortales o cuerpos sutiles, que siguen su andadura en otro lugar, con otra forma de vida.

Mi padre siempre decía refiriéndose a la muerte: “bueno, no debe ser tan malo porque de todos los que van no vuelve ninguno”.

En realidad, a él le aterrorizaba la sola idea de pensar en morir.

Luego en sus propias carnes él pudo experimentar que se va y se vuelve. Él estuvo en 3 ocasiones del otro lado y volvió.

Después de volver en la tercera ocasión estuvimos hablando sobre el tema de la muerte y pudo dejar este mundo sin mayores problemas, tranquilamente, en paz.

Ya sé que prometí no hablar de religión, pero también dije, que mi idea era desmitificar cosas, quitar oscurantismos.

Algunas religiones reconocen una vida posterior a ésta en la que cada uno recibirá, su premio o su castigo según haya obrado.

Si has sido bueno irás al cielo…

Si has sido malo serás condenado al infierno… para toda la eternidad.

¿Para toda la eternidad? Y eso de toda la eternidad “no es mucho tiempo”.

Por ser malo unos pocos años eres castigado para “toda la eternidad”.

A mi eso me suena un poco terrible, por no decir muy exagerado.

Por haber sido malo un tiempo, ¿ya no hay posibilidad de cambiar y hacer bien las cosas? ¿Después de eso que llamamos muerte no hay otra opción de mejora, de aprendizaje, de cambio?

Yo pienso que el Universo, el Cosmos, el Creador, la Fuente o Dios, como queramos llamarlo, es lo suficientemente generoso como para darnos otra oportunidad. ¿Qué padre no le da a su hijo la oportunidad y no digo una, ni dos, ni tres… sino muchas, de cambiar y hacer bien las cosas?

Si lo hacemos los padres terrícolas con todos los defectos que tenemos, como no va a darnos más oportunidades el Padre Eterno.

Ahora ya, pensando que esta no es la única vida que tengamos y que hay más oportunidades de aprender, quizás veamos el asunto desde otra perspectiva y podamos revisar con otro punto de vista el asunto de morir.

Hasta el próximo día, amigos

Un abrazo

Agustín

Vida o muerte