161. ¿Hacia dónde vamos?

Podríamos salir de la esclavitud de las cantidades y de las cifras, para construir una economía cualitativa, en la que cuente también la felicidad

Fuerza y corazón
Fuerza y corazón

No hace mucho leí un artículo publicado por un amigo, Jorge Carvajal, que me llamó mucho la atención y quiero compartirlo. Decía algo así.

Calor afuera y frío adentro. Tal vez se funda la Antártida y las  aguas se desborden, pero seguimos contribuyendo al efecto invernadero. Tenemos congelado el corazón.

El sida arrasa África, de donde una vez todos salimos. Aunque tengamos medicamentos, parece más importante mantener precios y ganancias que salvar millones de vidas. Tenemos congelado el corazón.

Manipulamos la economía, para que las cifras digan lo que queremos que digan, aunque para ello destruyamos vertiginosamente la Amazonia. Tenemos congelado el corazón.

Consumimos placer, pornografía, cocaína, y mientras decimos  condenarlo, en realidad permitimos que su oscuro dinero contamine nuestras economías. Se invade Afganistán y aumenta la producción de opio. La muerte repetida y cotidiana en Irak, ha pasado a un segundo plano. Las secuelas del hambre, más violenta e inhumana que una guerra, matan millones de personas cada año. Tenemos congelado el corazón.

Hemos desarrollado el intelecto, nuestros conocimientos se han incrementado a una velocidad de vértigo, hemos conquistado el electrón y hemos enviado sondas a explorar el universo. Hemos dado muchos pasos hacia fuera, pero tan  pocos hacia el interior de nosotros mismos, que tenemos congelado el corazón.

Además de criticar, juzgar, perseguir, creer que somos mejores que los demás, ¿Qué hemos hecho, realmente cada uno por la paz?

¿Podríamos hablar de una ecología humana, en la que la solidaridad sea un valor más real que todos los valores de la bolsa?

¿Podríamos hablar de unos presupuestos, en los que incluir con las ganancias económicas, los fracasos, nuestra humanidad, los abrazos, la familia? ¿Podríamos al menos, destinar lo que nos sobra para paliar la miseria y el hambre que afecta a una gran parte de la humanidad?

¿Sabemos hacia dónde vamos?

No podemos dañar a la Tierra sin dañarnos a nosotros mismos, porque ella más que la materia, es nuestro soporte, y esa inteligencia viva de Gaia o  como la llaman algunas culturas, la Pacha Mama que nos parió.

Podríamos volver a sentirnos, a vivirnos, a conmovernos con el océano y el amanecer, a sentir maravillados la danza de las aves, de los peces y las culturas.

Podríamos salir de la esclavitud de las cantidades y de las cifras, para construir una economía cualitativa, en la que cuente también la felicidad.

Que podamos vivir de corazón y nuestra vida sea auténticamente humana. Que  justos podamos contemplar un nuevo amanecer desde el corazón, más allá de toda  razón y sinrazón. Que sintamos que todos somos células de un mismo cuerpo, chispas de una sola llama. La llama del Alma humana.

Hasta otro día  amigos.

Agustín 

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