domingo. 23.06.2024

Investigación dominguera

Supone una gran ventaja y puedes dar rienda suelta a tu fantasía, si te haces “investigador dominguero” y profano, te sientes libre de la “carga” de los conocimientos científicos y hacer preguntas que pueden desconcertar a los especialistas en investigación

Construcciones en Perú
Construcciones en Perú

Naturalmente, puedo aprovechar esta posición, para zarandear los pilares en los que se apoyan las afirmaciones científicas oficiales, que se hayan colocadas bajo el tabú de académico.

Vamos contra 2 de estas versiones oficiales. *

En la primavera de 1964 el Instituto de Investigaciones Electroacústicas de Marsella, se trasladó a un nuevo edificio. Pocos días después del traslado, varios colaboradores del profesor Vladimir Gavreau empezaron a quejarse de dolores de cabeza, nauseas y prurito; algunos se encontraban tan mal, que temblaban como hojas. En el instituto que se ocupaba de cuestiones relacionadas con la electroacústica, no tardó en sospecharse que aquellas molestias podrían ser causadas por radiaciones incontroladas de alguna parte de los laboratorios. Los científicos se esforzaron por encontrar la causa del malestar, para lo cual examinaron todo el edificio con detectores de alta sensibilidad. Se encontró el motivo. No se trataba de frecuencias eléctricas incontroladas, sino de ondas de baja frecuencia que partían de un ventilador y que habían comunicado a todo el edificio una vibración de infrasonido.

Así se produjo una de esas felices “casualidades” que tan a menudo ayudan a la investigación. Hacia ya 20 años que el Profesor Gavreau trabajaba como especialista en la investigación de las ondas sonoras.

Tras el incidente, se dijo que lo que aquel ventilador había hecho sin proponérselo, también se podría hacer experimentalmente. De este modo y ayudado por sus colaboradores, construyó el primer cañón acústico del mundo. A una reja en forma de tablero de ajedrez se ataron 61 tubos flexibles, por lo cuales se hizo pasar aire a presión regular, hasta que se percibió un tono, aún audible, de 196 Hz.

El resultado fue devastador: las paredes de la nueva construcción se agrietaron, y los estómagos e intestinos de los que trabajaban en el laboratorio empezaron a vibrar dolorosamente. El instrumento tuvo que ser detenido enseguida.

Este primer experimento permitió al citado profesor, sacar sus consecuencias: hizo construir instalaciones protectoras para el equipo que trabajaba en el cañón acústico, tras lo cual encargó una verdadera “trompeta de la muerte”, que desarrollaba hasta 2000 w y emitía ondas sonoras en 37 Hz. No se pudo probar en Marsella con toda su efectividad, porque habría destruido todos los edificios en un radio de varios kilómetros a la redonda. Con posterioridad se empezó a construir una trompeta de 23 metros de longitud que emitiría frecuencias de hasta 3,5 Hz, que serían mortales. No se conoce como terminó este experimento.

Esto me recuerda un acontecimiento ocurrido en la antigüedad…

Una vez que el pueblo elegido hubo atravesado el Jordán, puso sitio a la ciudad de Jericó, que estaba rodeada por unos gruesos muros de 7 metros de espesor y entonces ordenó a los sacerdotes que tocaran las “trompetas”. Esto se describe de la siguiente forma en el libro de Josue (VI, 20):

“los sacerdotes tocaron las trompetas, y cuando el pueblo oído el sonido de las trompetas, se puso a gritar clamorosamente, las murallas de la ciudad se derrumbaron,…”

Ni la fuerza de los pulmones de todos los sacerdotes, ni las voces de miles de personas apoyando con sus gritos a las trompetas, podrían haber derrumbado nunca los muros de 7 metros de espesor. Sea como fuere, hoy sí sabemos que las ondas sonoras de muy baja frecuencia habrían bastado para derribar los muros de Jericó. Yo me pregunto ¿de donde sacaron aquellas trompetas?

Durante un viaje a Perú en 1968 visitamos las construcciones megalíticas de Sacsahuamán, que se encuentran en los límites de una antigua fortaleza inca de Cuzco, entre los 3.500 y los 3800 metros de altitud.

Nos acercamos a aquellas ruinas, que no son tales en el verdadero sentido de la palabra, provistos de una cinta métrica y una cámara fotográfica. No se trata de piedras partidas, de formas indefinibles, ni de restos desconocidos de cualquier tipo de construcciones históricas. El laberinto rocoso de Sacsahuamán da la impresión de ser una última superestructura, realizada con gran refinamiento técnico. Quién haya permanecido durante días en el aire enrarecido de esta altiplanicie, entre gigantes de piedra, cuevas y monstruos de roca; quién haya tocado las paredes, lisas y bien trabajadas, difícilmente podrá seguir aceptando la explicación de que todo esto fue obra del hombre y de que para ello utilizó simples cuñas de madera y herramientas de piedra.

Voy a dar un ejemplo, medido por nosotros: en un bloque de granito de 11 metros de altura por 18 de ancho, que parecía haber sido arrancado de la pared rocosa se había cortado un rectángulo de 2,16 metros de altura, 3,40 de altura y 0,83 de profundidad. ¡Un trabajo perfecto! Ante lo cual nos hacemos la siguiente pregunta: ¿cómo pudieron aquellos canteros separar la parte trasera del rectángulo del conjunto de la roca? Se ha comprobado que estos trabajos fueron realizados en la época Preincaíca. Los canteros de entonces no disponían de máquinas para cortar rocas como las que se utilizan en la actualidad. Y, probablemente tampoco tenían los conocimientos químicos que les permitieran separar el bloque de piedra de la pared rocosa con la ayuda de ácidos…

El resto de las construcciones tienen una perfección que pueden compararse con las mejores estructura de hormigón realizadas en la actualidad, no encontramos allí nada compuesto, nada hecho de varias partes para acoplarlo después a algo, sino que todo estaba terminado como si se tratara de un “molde”. Los cantos son rectilíneos y perfectos.

Como es natural nos preguntamos si había explicaciones convencionales para aquel tipo de construcción, que alguien ha calificado “campo de ruinas” de Sacsahuamán. ¿Erupciones volcánicas, corrimientos de tierra, terremoto, capricho de la naturaleza? Ni el arqueólogo de Cuzco, ni sus colegas de los museos de lima me pudieron dar una explicación satisfactoria de aquellas construcciones investigadas.

No es ninguna vergüenza aceptar que no se sabe algo con exactitud. Prácticamente no se sabe nada exacto sobre los trabajos en roca que vimos en Sacsahuamán. Lo único que sabemos con certeza es que toda la instalación fue construida con un método desconocido por nosotros, por seres desconocidos para nosotros y en tiempo que desconocemos. Sólo podemos asegurar que esta instalación existió antes que la famosa fortaleza Inca de los Hijos del Sol.

¿Quiénes fueron los constructores de Sacsahuamán?

Hasta otro día amigos.

Un abrazo

Agustín

* extractado del libro Regreso a las Estrellas de Erich Von Däniken

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