lunes. 27.05.2024

La muerte

Nuevo artículo de nuestro colaborador Agustín Rivas en el que se aproxima al tema de la muerte desde una perspectiva diferente
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Tenemos ante nosotros un tema, para algunos tabú, para otros escabroso y para muchos un tema a evitar.

Pero quiero en este inicio del tema, decir que “solo lo desconocido produce miedo”.

Quizás podría empezar por definir la muerte o la vida o ambas. Empezaré por la muerte.

Según la medicina oficial, una persona está muerta cuando su electroencefalograma (EEG) y electrocardiograma (ECG) están planos.

Esto es correcto, pero en parte incompleto.

Esta misma medicina puede certificar casos de personas que han vuelto a la vida algún tiempo después de que sus EEG y ECG fueran planos.

Por lo que tendremos que admitir que la definición más arriba expresada no es totalmente correcta.

Se han hecho pruebas y se ha podido observar que en el momento preciso de la muerte, o sea, cuando el EEG y ECG se hacen planos, es decir, una persona muere, esta experimenta una pérdida de peso de aproximadamente 21 grs.

Al muerto no se le ha caído una oreja, un dedo o lo que sea. Algo “ha salido” de él, LA VIDA, lo que origina esa pérdida de peso.

Comparando al ser humano, con un sistema informático, la parte física, hardware, no funciona sin un sistema operativo, software, que lo active.

El cuerpo físico del ser humano no vive si esa energía que le da la vida ha salido de él. 

El cuerpo físico muere, cuando el cuerpo energético se separa de él.

Aquí voy a adelantar algo que veremos en otro artículo, el cuerpo energético no es una sola cosa, está compuesto de varios niveles o capas.

Todo lo que existe es energía, con diferentes niveles de vibración, según confirma la ciencia. Según el nivel de vibración se percibirá de una u otra forma.

Si la vibración es lenta o baja, la podremos ver y sentir y la llamamos materia.

Si su vibración es alta, no la veremos y la llamamos cuerpos sutiles o energéticos.

Dentro de esos cuerpos energéticos, los hay de vibraciones más altas y con funciones y objetivos específicos dentro del ser humano.

Continuemos con una visión nueva del asunto. De acuerdo con el principio de física de conservación de la energía, sabemos que

“la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma”.

Con el cuerpo físico, sabemos lo que pasa. Se degrada, se descompone, cría gusanos… Con lo que nos viene al pelo aquello de “polvo eres y en polvo te convertirás”.

Pero ¿y el cuerpo o cuerpos NO físicos? Según el principio de conservación de la energía, el cuerpo o cuerpos energéticos siguen existiendo. ¿En otro lugar, en otra dimensión, en otro espacio-tiempo? No lo sé, pero en algún sitio estarán. Seguirán su camino o su proceso o como queramos llamarlo.

Visto lo visto, será más importante lo que perdura, ¿no? ¿Será lo más importante del ser humano lo que no pudieron comerse los gusanos?

Yo así lo creo y por eso no considero lo que generalmente se considera muerte como un final. Hay algo de nosotros que de alguna manera vive más allá de eso que llamamos muerte.

Pero como no lo vemos o no lo sentimos o no lo pesamos o no lo medimos, decimos que no existe. Y diría, ¿cómo es posible que algo que no existe, sea lo que nos diferencia entre estar vivo o estar muerto?

Si ese cuerpo energético que sale del cuerpo físico, sobrevive o transciende a este ¿no será que esa es la parte fundamental del ser humano y no la parte física, que también es importante y ¡mucho!?

¿No será que en algún lugar de ese cuerpo energético, en algún nivel más alto, es donde se almacenan las experiencias, vivencias, aprendizajes… que el ser humano ha de adquirir para llevarlas al mar original?

Mar del que en su momento desapareció como vapor de agua, formó nube, condensó y precipitó como gotas de agua, formó ríos y volvió al mar original.

Quizás el recorrido del ser humano se parezca al de la gota de agua.

En su recorrido la gota desapareció, “murió” del mar, desapareció, “murió” de la nube, precipitó como lluvia, formó río, “murió como gota” y llegó al mar, “murió como río” al integrarse en el mar original.

“Quizás el recorrido del ser humano sea algo parecido al de la gota de agua”.

Desde este punto de vista, desde esta perspectiva, la muerte no es un fin, es un cambio, algo necesario, una etapa en una carrera de fondo de vuelta al origen, en la que lo importante es no pararse, pues no queda otra opción que llegar al final, esté donde esté.

Por mi experiencia personal, con mis padres, a los cuales tuve la gran fortuna de acompañar en sus últimos días y en el momento de la muerte, por lo que vi, viví y ellos me dijeron, me inclino a pensar que todo esto que os he contado, tiene muchos visos de ser cierto.

Hasta pronto. Un abrazo

Agustín.

La muerte