sábado. 15.06.2024

Ustedes ya conocen nuestra sección. En ella, leemos y comentamos novelas y relatos de escritores extremeños o, cuando menos, muy vinculados a nuestra tierra. Nuestro afán de dar a conocer a algunos de ellos que vienen publicando en editoriales de menor renombre a nivel nacional nos acercó hasta un autor para nosotros desconocido, Juan Luis Vera (Plasencia, 1986). El escritor David Benedicte hablaba de su novela Vuelo de libélulas (Editorial Chiado) como de un “novelón”. Con una crítica semejante deben entender el entusiasmo con que iniciamos su lectura. Lamentamos la decepción, que intentaremos ahorrar a nuestros lectores.

La novela cuenta la historia de Lorenzo, aprendiz de neofascista, estudiante de Psicología en la universidad de Salamanca. Su actitud e ideología política han provocado el rechazo del resto de sus compañeros, salvo el de Joseph quien, en su empeño por ayudarlo, actúa con él como un consejero o un sacerdote más que como amigo. A partir de ahí suceden hechos incomprensibles: de manera inesperada y sin que entendamos por qué, Lorenzo abandona la Facultad y el autor intenta mantener una intriga que, cuando finalmente se desenreda, es un fiasco con apariencia de milagro.

Sus personajes son muy poco creíbles. Lorenzo, que se define a sí mismo como un “tipo duro” usa estos términos en una conversación en un bar de copas: "...sobre todo cuando el atardecer refleja los tonos dorados de los trigales y el viento rescata de ellos los mejores destellos, como si entre las espigas jugueteasen pequeñas criaturas angelicales...". Extraño. En contraposición, el lenguaje empleado en el análisis que hace de situaciones y personajes que más parecen páginas de un manual de psicología.

A nosotros su título nos gustó, nos pareció una aliteración que nos traía a la memoria aquellos versos de Rubén Darío, “…bajo el ala aleve del leve abanico”. Muy poético –pensamos. Y, efectivamente, su autor ha querido llenar sus páginas de recursos literarios, tantos, que han resultado más que excesivos, además de pretenciosos y estridentes. Juzguen ustedes mismos con estos ejemplos que superan la comedia lacrimógena del XVIII: “"El manar de sus lacrimales amenazaba con no detenerse jamás. Fluía y fluía sin descanso, hasta el punto que ya no se podía decir que las lágrimas resbalaban por sus mejillas sin faltar a la verdad. No resbalaban; chorreaban, para luego abrirse paso por su cuello y trazar húmedas carreras en su camiseta. Sus manos, ya caladas por completo, no daban abasto para recoger el incesante torrente, de manera que el enlosado comenzaba a motearse muy cerca del lugar en el que reposaba la libélula".

Hay quien opina que cualquier obra literaria tiene dentro de sí algo bueno, una frase, un pensamiento. Es posible, sí, pero quizás habría que empezar precisando cuáles son los límites de lo que es literatura. En su blog, el autor afirma que la publicación de su novela es “El cumplimiento de mi mayor sueño y la noticia más importante que he dado en mi vida”. Nosotros confiamos en que sea capaz de superar sus propias expectativas y nos evite, en el futuro, la lectura de frases tan trilladas como "Ninguno pudo ni quiso evitar que sus ojos flotasen sobre los regueros purificadores de sus lágrimas" o "Al instante, una lágrima naufragaba en el interior de su corazón".

La libélula se estrella