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¡Pena, penita, pena, olivos del Guijarral!

Juan Antonio Pérez Mateos | Escritor y periodista

Juan Antonio Pérez Mateos | 13 de diciembre de 2016

Y qué hacías tú, aquí, en El Guijarral, / sí qué hacías. / Pues verte, mirarte, contemplar el olivar de mis sueños, /en suma, añorar. Que unas manos generosas os plantarían / no sé cuántos años ha /. Quizás fuera un día como hoy / se abría dormido la Luna y, celoso, el Sol la despertaría: /”Vamos, que vienen los hombres, dispuestos a cavar, sí hacerme un hoyo, /dice el olivo / plantarme y a esperar. 

Gracias a vosotros, / yo aprendería a contar, que se escucharían mis palabra / y, quizás, se caerían en la charca del  Guijarral / la charca de mi infancia / y de mis sueños /. Los juncos que la cortejan / y la miran a un cielo azul / la miran. aun cuando caen las gotas. / Agua fina del cielo / Agua que llora en el olivar / Y la charca, donde se mira la luna / y se oye a las ranas croar./ ¡Qué bello es el olivar!.  /Qué placidez en este vergel solar /. Que florecen las margaritas y, ¡no muy lejos, / se oye un eco /. ¿Será, quizás, una lágrima del mar?.

¿Quién sabe cómo llega esa voz /, /Si, esa espuma lejana/ ¿de dónde vendrá /¿Serán aceitunas que cantan.? / ¡Que cantan de pena en el Guijarral ¡ /. Canciones de cuna… escucho /. / No, sinfonías de otros olivos / olivos que se sienten tristes / cuando ven que se quedan sin su fruto, /¡ perlas del Guijarral / que hasta planean vuelos los jilgueros y / tristes quieren llorar / la pena que se quedó dentro y ¡qué ganitas de llorar!. / Que se posan los pardales y estos sí /. /Estos quieren cantar. / ¡Porque que penita pena canta en el olivar, / que canta el cuco / y  el mirlo y, `hasta una sirena que dejó el mar/. ¿Y los vencejos?. /Los vencejos nos llevan en sus picos / ¿A dónde? ¡No sé¡ Lejos no queda el mar /. Que quizás lloren sus perlas /. 

Y vendrán los vareadores, acariciaran las ramas / y nos verán caer / /¡qué solo / qué soledad la tuya. /¿Orfandad? / ¡Qué solo, solito te quedas, olivo del Guijarral! /¡Por más que canten las mozas, los jilgueros, ruiseñores y pajarillos…¡ Y, a lo lejos, suspiren, las olas del mar!.

¡Tú, mi olivar querido, / que brotas en mi memoria / ./Y en mis ojos! /. /Qué ganitas de llorar /. /Que cuentan que la charca le robó la pena a un olivo sin hojas!. /¡Pobrecito, sin una sola, sola aceituna! /¿Cómo no vas a llorar?/. Ahora que el olivar se desnuda de sus perlas: zafiros, diamantes…¡Qué más da / llámalas aceitunas /. Llámalas pena/, penita, /pena. Qué ganitas de ser perlas, perlas del olivar. /¡Pena del Guijarral¡. / Donde yo lloré no sé de qué, / quizás de pena, junto a cada olivo,¡ pero lloré! /. /Lloré a cada olivo /. /¿Nos  mirasteis sus frutos? /¡Y lágrimas de sus penas / Qué ganitas de llorar /. Que El Guijarral me da pena / sí, pena cuando sus frutos se van, / se van camino del molino /o sendero del lagar. / Lagar Cimero lo llaman y las aceitunas gritan bajo los rulos /. Los que no cesan de dar vueltas /Qué generosidad la vuestra / Quién diría que seréis aceite /. Río de oro, / que recorréis nuestro cuerpo, calladamente, sin llorar /. Vosotros que mirabais a la Luna / Luna, Lunera. / Y de aceitunas convertidas en aceite /. Aceite que inspira coplas. /Que en la aceitunera toda / se lloraba y se cantaba. / Que salía el sol por Antequera y animaba a cantar/. / A cantar coplas. / Coplas de enamorados…/ /Que entre olivos suspiraba el viento. /Los vareadores miraban a las mujeres. / Y estas soñaban con la Luna, / la de esa noche. 

/Madre: prepare el ajuar. /Padre: la ronda /. Entre olivos nacería el amor. /Quien no se enamora / no sabe la flor que perdió /.

Juan Antonio Pérez Mateos, escritor y periodista.

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