¡Aprended! / ¡Aprendamos! de Julián Besteiro

Me quedan muy lejanos los recuerdos de aquella Carmona andaluza, en un cerro, abierta con su mirada a la llanura en una lontananza serena y apacible, muy cultivada. Sin embargo, al pasear sus calles se me encogía el corazón como le ocurriría a ese gran hombre, ético y estético, llamado Julián Besteiro. Era Carmona una población muy distinta a la actual, lejos de la vieja estampa de la cárcel donde  Julián Besteiro, ético y estético diría adiós a la vida, como un Tosca de Puccini, achacoso, cansado de vivir en nuestra piel de toro, donde la vida era un suspiro y no valía nada, y quizás Besteiro recordara a Antonio Machado en su famoso “españolito que vienes al mundo / te libre Dios / una de las dos Españas ha helarte el corazón”. En Carmona buceé en las postrimerías de un gran señor socialista en la desnudez de las calles y en el jadeo lejano de su tragedia. Aquí hallaría el estro de revivir su famoso proceso, trágico y conmovedor, como para llevarlo al teatro – premio “Tirso de Molina” - y, con la ayuda del director Manuel Canseco, rememoraríamos su tragedia y la llevaríamos al escenario, entre la conmoción y el respeto, por un hombre machadianamente bueno y, sobre todo, su ética, él que la llevaba en su espíritu, en su cátedra y en su ejemplo filosófico  desde su cátedra madrileña.

Ese personaje, íntegro e integral, diputado y Presidente de Las Cortes Españolas, en una España convulsa y trágica, donde llegaba un eco amargo, ahí, en la voz del pueblo – Las Cortes -, permanece su busto, como una reliquia, testigo de las dos Españas, madrileño castizo y galdosiano. Jacinto Benavente diría  que, “de todos (los diputados), el que más certero en su tarea es Besteiro y lleva muy bien su casi divino cargo”. A su mujer, Dolores Cebrián no llegué a conocerla. Sin embargo, a su cuñada Mercedes – la tenía el matrimonio como una hija - la trataría mucho en su casa madrileña, en la calle Pinar, frente al entonces Club de Prensa. Cómo recordaba a Julián y, en esas conversaciones, entre otras, como una hija única me contaría, entre tantas otras cosas que, estando ella en París, y Besteiro en Londres con motivo de la ceremonia de la Coronación del Rey Jorge VI, a su regreso de Londres, ya en París – el séquito haría un alto -, y ella le pediría si era posible unirse a la comitiva y regresar, por tanto, a Madrid. “Entonces, Julián me dijo: “Lo siento mucho, querida, pero este avión trae a una representación oficial y tú no estás en ella”. Hasta ahí llegaría la ética de este hombre.

Sí, Besteiro azote de la corrupción política y del caciquismo. Tan lejano y, sin embargo, tan de nuestro tiempo, tan actual.  El día 3 de junio de 1931 Besteiro diría, textualmente, respecto a las Nacionalidades – él que, personalmente, llegaría a afirmar que ”si fuese catalán, cultivaría con amor la lengua catalana -. Pero si se intentase someter a toda España a un esquema de República Federal, se cometería, a mi juicio, un grave error que es preciso evitar”. Palabras que, desgraciadamente, el aire no se ha llevado y esas hojas siguen ahí, perennes, tristes y mustias, juguetes del viento son muy en parte por los iluminados políticos.

Después, la obra se representó en el madrileño teatro Pavón. Gallardo representaría el papel de Besteiro y Luisa Sala, fallecida absurdamente, el de Dolores Cebrián. Las funciones discurrirían no sin ciertos alborotos, cuando España había descorrido el telón de la libertad y, como Proust, podríamos mirar hacia atrás no sin cierta ira y, hasta algunos viejos comunistas gritarían hasta la extenuación:“¡Besteiro, traidor!”. No hacía mucho se habían abierto las compuertas de la libertad de expresión. Aquel Besteiro trotamundos por varios países de Europa, antibélico ante la Guerra de Marruecos –  causa para encarcelado -; Concejal madrileño y encarcelado, de nuevo, en el penal de Cartagena durante la huelga de UGT – agosto 1917-. Julián Besteiro, Alma máter de las Universidades de Madrid y La Sorbona; ateo y discrepante con Indalecio Prieto y Largo Caballero, moderado ante el dictador Primo de Rivera..., Presidente de Las Cortes Constituyentes en la República y su neutralidad y afabilidad en la manera de llevar los debates; y su permanencia en Madrid cuando el Gobierno de la República se trasladaría a Valencia. Siempre don Julián en primera línea de la paz. ¿Quién dijo miedo?. Su marcha a Londres para asistir a la coronación del Rey Jorge VI y la búsqueda de una paz negociada. Besteiro permanecería en Madrid, tras la última reunión del Consejo Nacional de Defensa y, como “máxima autoridad republicana”, debería entregar  el poder a los vencedores. “¡Ay de los vencidos!”. “Agosto, augusto y lento” Y aquel gran alcalde de Madrid, Melchor Rodríguez – trataría yo a su mujer de confianza y, querido lector, te hablaré de él, personaje fascinante; y el Madrid de las últimas horas, y Negrín…

Y aquel 28 de marzo de 1939 – Consejo de Defensa -. Besteiro, muy enfermo en los sótanos del Ministerio de Hacienda; y aquel despacho y sus palabras radiofónicas al “rompeolas de todas las Españas”, a los madrileños; y la depuración de los catedráticos afines a la República; y el Consejo de Guerra a él y a Rafael Sánchez Guerra, y el fiscal Acedo Colunga que reconoce la honestidad e inocencia de don Julián…, y, sin embargo, la pena de muerte…, las cárceles … y la muerte - qué grandeza la suya - en Carmona, aquel día cuasi otoñal – ya todo era muerte -  27 de septiembre de 1940, debido a una septicemia y otros achaques… Que doblarían quizás las campanas de Carmona a duelo, como una mañana más, como si nada hubiera sucedido, cuando los vencejos se llevaron su alma, tras un sonido de cerrojos. ¡Qué España!

Reconozco mi admiración por el hombre y el político. Allí, en la cárcel de Carmona, el sacerdote Coronil y Besteiro mantendrían una buena amistad, respetándose las creencias  uno al otro. Y hasta el sacerdote asistiría al entierro de don Julián al cementerio civil y se supone que, esa actitud, no agradaría, en absoluto, a los jerarcas del Régimen y de la cárcel. Casualidades de la vida. La viuda de Besteiro le enviaría una carta al padre Coronil, el día 30 de diciembre de 1946. Esa carta no llegaría a leerla el sacerdote. Ese mismo día murió y la misiva llegó el día siguiente y aún puede verse en el matasello. Dos buenos hombres habían, respetándose, mutuamente, sus creencias. A los dos: Que la tierra os sea leve.

Han transcurrido muchos años y, al vivir esta semblanza de Besteiro, siento que algo aún nos falta y está / sigue presente en nuestra piel de toro. En el teatro Pavón,  sufriría esos desgarros de la contienda de tres años como tres siglos, ante el hombre ético y machadianamente bueno. Ahora, en esta España nuestra, algo sigue oliendo a podrido - no en Dinamarca - en España. Quizás Arthur Miller, en una representación, me /nos recuerde:”¡Colgadlos bien alto sobre el pueblo! Quién llore por estos, llora por la corrupción!” Por eso, ¡aprended! ¡aprendamos¡ de Julián Besteiro.

ARTÍCULO PUBLICADO POR DIGITAL EXTREMADURA (01/06/2014) y cedido por el autor a www.sierradegatadigital.es

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