La vida de Agustín Luengo Capilla, nacido el 15 de agosto del año 1849, tiene sus claro oscuros. Medía dos metros más treinta y cinco centímetros y se le considera el segundo hombre más alto de España. Habría que imaginarse la bella población de Puebla de Alcocer, situada en una ladera muy empinada y los restos de un castillo en lo alto de la sierra. Qué belleza derramada desde Puebla, que ha tenido, además de Agustín, a hijos de relieve: Antonio Hernández Gil, por ejemplo, y al escritor Eusebio García Luengo que, según Umbral, ”es todo un siglo de literatura española”. Ya sé, querido lector, que lo que te / os interesa es la breve vida de Agustín, que conocería a Alfonso XII, que hay que ver cómo el Monarca se quedaba muy bajo, ante la altura del hastial extremeño y puede apreciarse en una fotografía, nada brillante de la época; y de lo que se colige que el Monarca se acercaría a verlo tras su exposición al público, en las bambalinas de circo, en Madrid, naturalmente.

Agustín Luego Capilla entre su madre y el rey Alfonso XII. IMAGEN DE Pablor Ruiz

Que Agustín llamaba la atención, basta con detener la mirada ante aquel inmenso chopo extremeño, que los padres modificaron la vivienda, humilde, con el fin de que Agustín la habilitara. Cómo llegaría Agustín hasta Madrid, nada más y nada menos, que en esos tiempos, y máxime que se trasladara, desde esos pagos, a la capital de España… Sería un largo viaje, quizás “a ninguna parte”. Menos mal que hubo suerte por los senderos de la llamada Siberia Extremeña, rincón tan bello del que yo estoy muy enamorado, tras una estancia pedagógica, hace muchísimos años en Garbayuela .

Pizarro medía 1,55 y Hernán Cortés, la misma altura. García de Paredes, “El Sansón extremeño” no pasaba del 1, 65. Con su estatura, Agustín, caso raro de acromegalia frente a los que medían 1, 35, que, en esa época, se les consideraba enanos. La cuestión es que el anatomista doctor Velasco – qué gran personaje; su “pecado”, que era de izquierdas – tenía “su” gigante, nuestro paisano. Velasco compraría el cadáver de Agustín por 2,5 pesetas. Y Agustín moriría, de una tuberculosis ósea, a los veintiséis años, el 31 de diciembre de 1875. En mi casa madrileña, hace años, estuvo, gracias a sus parientes, una bota de Agustín. Entonces, fotografié  una imagen del pie de mi hijo pequeño y la bota de Agustín. Te puedes imaginar, querido lector, qué diferencia.

El inquieto y sensible, Pablo Ruiz Sánchez, exconcejal del Ayuntamiento de Puebla, ha captado, hace unos días, esa imagen y es un enamorado del Museo del Gigante. Su sensibilidad y acción hará que se prodiguen las visitas al Museo del Gigante, que se abrió al público, el mes de abril del año pasado. Allí nos esperan con la bonhomía propia de los extremeños. Grande, de gigante, ha sido vuestra empresa. Felicidades.

Juan Antonio Pérez Mateos, escritor y periodista.

IMAGEN CEDIDA POR PABLO RUIZ

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