LAS LETRAS DEL VIENTO. Palabras para Sara

Quizás, Sara, ahora en el descanso del guerrero/ra, ante la quietud del silencio, en la meditación, en el plácido sonido de los grillos – si es que han vuelto tras el incendio; escuché el lejano eco de unos cucos -, cuando atrás la Sierra “llora” la ausencia de sus hijos, descendientes de la tierra, del mundo vegetal, ausencias de sombras de los árboles, caricia del viento tras la atribulación, la saudade que os llega como el zureo de las palomas huidas, que vienen, quién sabe, a levantar acta notarial de una tierra cenicienta, tras unos nocturnos lejanos de Chopin, hogueras alocadas, frente a la lucha por apagar las llamas de los árboles y salvar la vegetación, en la locura de las llamas, donde la loma y la montaña, el valle y la besana, perecían ante la danza macabra del fuego, como una sinfonía capaz de enloquecer a cualquier humana.

Oh, ese mapa gris de la batalla, el desparpajo del fuego, qué lejos del verde de la cartografía, cuando, serragatinos del mundo uníos, bélicos rudimentarios contra el fuego, alocada lucha sin norte en este agosto abrasador, ya en el cansancio del guerrero, sacaréis vuestra brújula y, como quien se resigna, quizás miraréis el sol al caer en la hucha de la noche, por pagos lusos o despertaréis de un mal sueño. Y seguiréis, en un cansancio de siglos, el porqué de esta locura.

Yo sé, Sara, cómo has combatido la llamarada, cómo nos llegaba a través de tu “digitalino”, en tu línea de combate, absolutamente moderna, lejos de aquellos viejos periodistas de lejanas guerras, aventureros de la noticia y la búsqueda de un cercano teléfono o teletipo, incluso el vuelo de palomas mensajeras para transmitirlas en periódicos que duermen la gloria o el infierno de los día en el descanso de las hemerotecas. Tú, sin embargo, “absolutamente moderna”, que diría Baudelaire, ¡sola, sola ante la aventura digital! - con tu “digitalino”- nos acercabas a esa luz y calor; y las llamas que ardían “con nosotros”, en la pantalla.  

En hebreo, Sara significa “alto rango” y la Sara del Génesis, esposa de Abraham, tendría un hijo a los noventa años. Hijo tuyo, profesionalmente, es el “digitalino”. No podemos pagarte  – hay hechos que no tienen precio -, la entrega y la modernidad con que nos acercas el paisaje de ese paraíso. No tiene precio la donosura con que llenas nuestros ojos. De aquí, que haga llegar, desde la plaza de Villasbuenas de Gata, junto a la Iglesia, un mensaje que lleva mi paloma: “Que se precie y aprecie tu labor, no perdamos “el digitalino” y, en sentido pragmático, caigan en tus manos de mensajera mayor de la Sierra, en el nido digital, donde cualquiera puede verte y, hasta soñar la magia que nace de tus manos y, de ellas, nos llega.

Juan Antonio Pérez Mateos es escritor y periodista.

(Dicho en román paladino: Mi buen vecino de columna digital, Exmo. Presidente Vara y otras Instituciones, empresarios y pueblo en general, acordaos de esa luz mágica de imágenes y palabras. “Se canta lo que se pierde”. No lloremos, un día, por la luz del faro mágico; luz que vuela como paloma mensajera.)

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