Luto en aquel romántico Paseo de los Ingleses

Ay si levantaran la cabeza los ingleses y hubiesen presenciado la noche trágica en que un loco musulmán convertiría el Paseo de los Ingleses en un infierno. No habrían resistido esa macabra estampa, donde dormía la muerte en niños destrozados en la arena… Fátima, una francesa musulmana, no tendría tiempo de ver a sus hijos, como juguetes rotos, en ese paseo donde los ingleses venían, hace años, a sentir el olor de la sal, pisar la arena y dejar la mirada en esas aguas de la civilización, “il mare, il mare e no pensare a niente”, que cantaría Leopardi. Sin embargo, se hallaría, jubilosamente, a otro bebé perdido y hallado gracias a la magia de Facebook, digno de un hermoso y bello cuento. Sí, porque una vez más, la realidad ha superado a la fantasía.

 Ese oleaje que acariciaba a los veraneantes, el pedregoso “Chemin de Anglais”, camino de otro tiempo. Ese caminito que el tiempo no ha borrado, como suena el tango, que dejará, en la retina de los testigos, su tragedia griega y loca de los fanáticos. Frente a la tragedia infantil, el hallazgo milagroso de Joy Ruez, recuperado milagrosamente, como un hermoso cuento, digno de un guion de cine.

Aquel paseo, lírico y provenzal, se construiría cuando los ingleses buscaban la caricia salina de la olas, en los inviernos cercanos o en “La Belle Epoque”, un paseo, sin embargo, humilde y pedregoso, por donde los hombres corrían para mantenerse en forma y, olvidar, por unos días, la lluvia londinense. El viejo Chemin de Anglais, que lo financiaría el Reverendo Lewis Way hasta el río Paillon, dejaría sus lágrimas en el viejo mar de la civilización.

Desde la caracola de la Odisea, en esta locura que habita en ciertos hombres, cuando ¡ay, ay, mi Mediterráneo! donde tu abrías los faros de la noche para una navegación hermosa. Esta es la locura de quién o quienes atizan la llama de su cerebro para dejarnos un infierno entre las flores.

Si levantara la cabeza el Rdo Lewis en aquel camino pedregoso, no resistiría la maldad y las bombas de los hombres, que hacen del amor odio. Aquel “Promenade des Anglais”, con imágenes de los años veinte, donde villas y jardines, acabarían en manos de la piqueta, para levantar hoteles, casinos y edificios, con lo que se perdía el encanto urbanístico de aquella Niza, sentimental y marina de los años veinte y donde no falta la presencia de Picasso. Así “La Promenade des Anglais” o Paseo de los Ingleses, ha perdido la estampa de palmeras y el aire provinciano. 

El paseo no deja, sin embargo, de grabarnos un cliché en la memoria con las pérgolas y las “sillas azules”. Y aquel Niza, cita invernal, hoteles, “El Savoy Palace – 1953 - sus palacios, su playa de ocho kilómetros….

El Niza que yo vería, hace décadas, camino de Italia, en automóvil,  es irreconocible, actualmente. Allí vería “El último tango en París”, prohibida en España. Estará Niza muy distinta a la ciudad que tengo en mi memoria; ese tiempo que me sugiere tantos pasos perdidos, la lejanía de otra época, cuando el mar me inspiraba tantas palabras y los niños jugarían a la peonza, allí donde la Costa Azul, me dejaba en el iris el paisaje del Mediterráneo y soñaría hasta con la belleza de esas olas que me traían rumores de Ulises, recuerdos de Picasso. Qué belleza: manchada ahora por la monstruosidad de los iluminados.

Juan Antonio Pérez Mateos, escritor y periodista.

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