El buzón de Correos más antiguo de España
El buzón de Correos más antiguo de España

Cómo nos está cambiando todo en nuestra vida o, al menos, en algunas facetas de la cotidianidad, que “hay que estar al día”, máxime cómo transcurre, vertiginosamente, nuestro tiempo. Quizás la nostalgia sea un error, pero “los tiempos cambian que es una barbaridad”. Naturalmente que hay  que ser hombre de su tiempo, ponerse al día, en suma, como diría Baudelaire: “Ser absolutamente moderno”. No hace mucho tiempo, he pasado por Mayorga de Campos, tierra de Campos, “ancha es Castilla” y el dicho extremeño “de Castilla, el trigo, pero no el amigo”. Y ellos nos responden con un  de Extremadura: “el aceite, pero no la gente”. Dichos que están muy enraizados en el pecado español de la envidia.

No cabe duda que, en ocasiones, me /nos invade la melancolía, máxime cuando estoy en lo que Platón llamaba “la segunda navegación, serena y hermosa”. Lo que sí es cierto que esta vida, tanto este siglo como el pasado, nos lleva a una revolución muy súbita; y, por supuesto, no podemos ni debemos convertirnos en estatuas de sal. Naturalmente, que mirando hacia atrás sin ira, quién de nosotros no esperaba, un día, aquella carta donde la escritura llevaba, además, un sello de amor. Eran tiempos de espera y esperanza…, el correo en mano o acercarnos a la estafeta… Siempre esperábamos algo, bien un rasgo de amor o, cómo sería la despedida. Nuestros carteros dejaban en el aire una serie de nombres. Lo que significaba la llegada “de las cuatro letras”, que el cartero no necesitaba llamar dos veces.

Ahora pertenecemos ya al correo electrónico, que, en ese sentido, nuestros días tenían sus escalas, frente a la inmediatez, la prontitud, en suma, la prisa. Qué nos dirían los viejos balijeros; la carta en mano, el coche correo, el gran tipo que nos traía, en un Hispano Suiza, las valijas y aquellas hurdanas que esperaban los besos escritos de los hijos “y las cuatro letras”. Pertenezco a esa generación, de ahí “que cante lo que se pierde”. Esa estafeta de Mayorga de Campos -1762 -, cuánto podría contarnos, pero no puede, primera referencia y ordenanza para buzones; y hacia 1813, tras un incendio en un buzón de Alicante, se refuerzan con hojalata…Y, a principios del siglo XIX se instalarían buzones en los estancos, y la seguridad con “fibra de vidrio”.  

Reconozco mi romanticismo, la espera del coche – correo de Hervás, el Hispano Suiza, muy de cuadrillas de toreros. Qué gran tipo el conductor; siento no recordar su nombre -, o “Caminero”, alma de la comunicación en aquellas atrasadas Hurdes o “Chele”, al que esperábamos, con las cartas, para leer los besos de amor o a Manolo…. Al fin y el cabo, el hombre es recuerdo y la nostalgia, un error.

Juan Antonio Pérez Mateos es escritor y periodista.  

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