¡Serranos: Bienvenidos a vuestro paraíso!

Este rincón mágico, os acoge, en donde, quién sabe si no estaría el Paraíso en estos pagos. Aquí os espera, con la alegría que traéis y el corazón de afectos, seáis García, Sánchez, Torres… Habéis vuelto, con el sueño real del mes de julio y “el agosto, augusto y lento”. Volvéis a este paraíso, aún grisáceo, suelo de ceniza, que no es otro que La Sierra, Sierra de Gata, paraíso perdido de Milton, que arrincono, muy a mi pesar, sabedor de la belleza – a pesar del fuego -, que todos llevaremos, en nuestro corazoncito, el fragor de la batalla, el paraíso que se nos ha hurtado, rincón mágico donde quién no ha perdido un poco /mucho el paisaje regazo, que nos acuna como niños que fuimos y, quizás, seguiremos siéndolo. Ahora llegáis al pueblo o la villa que os vería nacer, la escuela donde aprenderíais las cuatro reglas, leer y escribir. Qué duro es salir, dejar paisajes que van con vosotros, lugares donde  escribisteis y dejasteis - en el encerado mágico de la infancia – sueños, juegos, quizás el primer amor, la marcha a la “mili “y la fotografía sepia de la novia en la cartera.

Claro que es muy duro emigrar, arrancaros “la patria de la infancia”, que son los años más importantes de nuestra vida, y la mirada de esos años, duros, por cierto, y plantearos el éxodo como otros pueblos evangélicos. Toda una estampa color sepia que guardaréis entre el amor y el dolor, porque la vida del hombre es, especialmente, la infancia. En ella está escrito el cuaderno de bitácora de los hombres. Una vida, en suma, de adioses, de pañuelos al aire, del ruido del motor, de ojos cansados y tristes. ¿Y el regreso?. 

Siempre habréis soñado con él y con la canción en el subconsciente…”y volver, volver, volver”. Casi todos, deseamos volver, regresar a esa tierra, como la nuestra, “donde nacían los Dioses”. Al fin y al cabo, el hombre es, esencialmente, recuerdo, melancolía de lo que pudo ser y no fue.  En los éxodos, escribimos la grandeza y miseria de los sentimientos. Además, añoramos más aquello a que fuimos obligados a dejar. Serranos y serranas, García, López, Pérez, Fernández y tantos otros apellidos…Bienvenidos a este paraíso – el vuestro y mío – a reencontraros con los años idos, jugar la partida, el café, la charla, en suma, buscar la imágenes que lleváis prendidas y, bajo este sol de justicia, recuperar el pasado. Bebéroslo, archivad tanta imagen. Me gusta tanto la Sierra que, desde la cumbre de Dios Padre, dejo mis ojos abiertos a vuestros pagos, donde el fado empieza a sonar, en la lontananza, sus notas melancólicas.

Bienvenidos. La bella y buena Sara os abre su Digital con tanta alegría como belleza. Gracias a ella, tenéis /tenemos un poquito de cielo digital, nos vinculamos a esa magia. Recuerdo, ahora, ese paraíso, que ella guarda como damisela mayor de estos pagos.  Por mi memoria, caen chorros de agua, la placidez gozosa del Arrago, la arquitectura de todas esas iglesias, el recuerdo del gran Telesforo Torres, sabio y bueno, la magia en torno a la iglesia de Villasbuenas, los baños de La Cochina, que el llorado eclesiástico, Félix Cantero, secretario del Cardenal Segura, los recomendaba por sus beneficios.  

Con un gran abrazo serragatino, feliz estancia.

Juan Antonio Pérez Mateos, escritor y periodista.

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