Aquellos viejos molinos de aceite

Imagen de Matilda Anderson, fotógrafa americana
Imagen de Matilda Anderson, fotógrafa americana

Aún escucho un lejano eco de los primitivos molinos de aceite, donde, una vez más, la extracción del oro líquido, no conocía más elementos que el de esta imagen, gracias a la gran fotógrafa americana, Matilda Anderson, que, un día, se echaría la cámara al hombro y vendría a España a dar fe de nuestros molinos y, de paso, captar este y, tal vez, otros oficios. Matilda había nacido en Nebraska y, sin duda, le echaría voluntad a la vida, impulsada por una gran afición y vendría a España, ni más ni menos que en cinco ocasiones, en los años veinte y, posteriormente, enamorada de ella, permanecería en nuestro país desde diciembre de 1948 a 1949. Era, sin duda, una mujer que bebería los vientos de la Vieja Iberia y, gracias a sus cámaras, se llevaría en “esa retina” oficios españoles de la época para publicarlos en la Hispanic Society, de lo que se colige, su gran afición y oficio. Gracias a ella, contemplamos una dura actividad laboral, vamos, que levanta testamento de la dureza de un tiempo laboral ya fenecido, de ahí, el gozo con que nos invita a contemplar esta imagen de un molino aceitero, quizás en su segundo viaje a nuestro país – 1948 – 1949.

Es de agradecer, por tanto, esta imagen, que vale más que mil palabras, para observar la dureza de nuestros agricultores y, a su vez, agradecerle a Matilda Anderson que anduviera por esos lagares de Dios, hasta quizás por nuestra Sierra de Gata. Esta imagen es, pues, expresión, viva y dura, de una época y, de qué suerte, se extraería el aceite. 

Quiero recordar que, esta tarea de la imagen, posteriormente, se haría, al parecer, con un mulo o un burro, de ahí que, ese esfuerzo, se conociera por “molino de sangre” y quiero recordarlo de algún lagarero al referirse a esa expresión. 

En la comarca andaluza de las Axarquías, concretamente, en Riogordo, sus habitantes presumen de contar con un molino de sangre. Hay, sin embargo, otros lugares españoles, donde, al parecer, seguía, hasta hace unas décadas, ese método, pero mucho me temo que, como las ciencias, avanzan que es una barbaridad, tal vez se haya quedado – y es lógico - como imagen de museo.

De ahí que nos sentimos, muy agradecidos, de la obra de Ruth Matilda Andersons, realizada para la Hispanic Society, imagen que figura en el pacense Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEJAC), que, repito, es una joya valiosísima para entender nuestra historia y valorar la gran tarea de nuestros antepasados. ¡Eso era trabajar!¡Ay si levantaran la cabeza nuestros antepasados! Y es que las Ciencias avanzan que es una barbaridad. Gracias, por tu testimonio, Ruth Matilda.

Juan Antonio Pérez Mateos, escritor y periodista.

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