conquista
Opinión

La conquista nel tiempu de vagal

Dizía Maquiavelu "è un desiderio veramente molto naturale e ordinario quello di voler acquistare". D'essu sabemus mu bien los estremeñus, que dendi ai muchu contribuyerun ala conquista de tierras i gentis de mu largu pa cumpril, mejol dichu,...
Biografías y Leyendas

De caballeros cimarrones y bizarros en la conquista y defensa de Sierra de Gata (V)

Francisco tenía curiosidad por lo que ese inesperado visitante pudiese opinar de esas caras, por lo que al final se animó y acercándose a él le inquirió...
Biografías y Leyendas

De caballeros bizarros y cimarrones en la conquista y defensa de Sierra de Gata (IV)

Grandes habían sido los servicios que el Conde Armengol había prestado al Rey leonés, por ello el monarca cada vez que tenía ocasión le premiaba con aquello que estuviese en su mano. Esta vez no iba a ser menos
Biografías y Leyendas

De caballeros cimarrones y bizarros en la conquista y defensa de Sierra de Gata (III)

La llamada de la tierra y la añoranza por los lugares que le vieron nacer, pesaban más en el ánimo de Pablo Pérez, que todo el éxito y riquezas logradas en sus mil y una hazañas y aventuras por las tierras hostiles del Nuevo Mundo
Biografías y Leyendas

De caballeros cimarrones y bizarros en la conquista y defensa de Sierra de Gata (II)

Junto a la fuente, en la que fue esculpida el águila Bicéfala del escudo de Carlos I como agradecimiento por el apoyo a la Corona de la leal Villa de Gata en la guerra contra los Comuneros, Guerra Hontiveros observaba como los voluntarios de la milicia gateña preparaban sus pertrechos, con el objetivo de acudir a la llamada de auxilio lanzada por el Mariscal de Campo, Andrés Pérez de Herrasti
Biografías y Leyendas

De caballeros cimarrones y bizarros en la conquista y defensa de Sierra de Gata (I)

De Caballeros Cimarrones y Bizarros
en la Conquista y Defensa de Sierra de Gata (I)
Era media tarde y las calles del Azevo se encontraban tranquilas, hasta que un castañear de herraduras sonó cada vez más intenso, y rompió con la parsimoniosa quietud de las callejuelas intrincadas de la población. En ese instante, un par de hombres espigados asomaron al quicio de la puerta, de uno de esos grandes caserones habitados por gentes de realengo y acaudaladas fortunas....