Escaramujo (Rosa canina L.) en la botica serrana

Antiguamente, el rosal silvestre gozó de gran aprecio por sus múltiples virtudes curativas que se le atribuían, principalmente durante el Renacimiento, aunque la más conocida era la de astringente, de ahí el nombre de "tapaculo", por sus propiedades antidiarreicas
Escaramujo
Escaramujo

Rosal silvestre, montés, campesino o bravío, rosal perruno, rosal del diablo, de escaramojos, caramujo, calambrujo, escarbaculo, tapaculo, rosa de cao, silva macha, roseira o agavanzo son algunos de los apelativos que recibe este arbusto sarmentoso y enmarañado, de hoja caduca que puede medir hasta 5 metros y cuyos tallos están armados de fuertes espinas curvadas y ensanchadas en la base.

Se distribuye por toda la región mediterránea, por casi toda la península, en linderos y claros de los bosques.

Su nombre "Rosa" se lo pusieron los romanos, que a su vez procede del griego"rhodon". Rosa canina o de perro es la transcripción latina del nombre griego del rosal silvestre "kynorhodon", nombre despectivo porque sus espinas recuerdan los colmillos de este animal y porque se usó contra la rabia.

Sus hojas son compuestas imparipinnadas, con 5, 7 ó 9 hojuelas aovadas o elípticas, lampiñas por ambas caras, de hasta 4 centímetros de largo, con margen aserrado y de color verde intenso.

Las flores que aparecen en abril o mayo, están sostenidas por un cabilo lampiño y tienen un receptáculo ovoide sobre el que nacen sépalos y pétalos, estos últimos son 5, libres, de color blanco o rosado y miden entre 1 y 2 centímetros de largo. Sus numerosos estambres se insertan en el borde de un disco provisto de orificio central por el que sobresalen los estilos, a veces pelosos.

Su fruto, llamado escaramujo, está formado por el receptáculo carnoso y toma color rojo carmesí, con forma aovada, en su interior contiene las semillas, tapizadas de pelillos muy irritantes, por ello no debemos nunca comerlos enteros puesto que nos irritaría la garganta y pasaríamos un mal trago.

Virtudes

Del rosal silvestre se utilizan las raíces, las hojas, los pétalos, las frutas o escaramujos e incluso su semilla.

Las raíces debemos arrancarlas en marzo o abril, cuando la planta despierta de su letargo invernal, las hojas en mayo, cuando ya se han desarrollado por completo.

Los pétalos cuando están encapullados antes de abrir por completo la flor. Los escaramujos a finales del verano o durante el otoño, cuando alcanzan su grado óptimo de madurez y se tornan rojos por completo.

Su raíz contiene ácido tánico, así como también las hojas, que además contienen pectina. Los pétalos con tanino y diversos ácidos orgánicos, materias gomosas y pequeñas cantidades de esencia. Los escaramujos contienen una materia colorante, la carotina, azúcares, ácidos orgánicos y hasta un 2 % de vitamina C cuando ya están desecados.

Antiguamente, el rosal silvestre gozó de gran aprecio por sus múltiples virtudes curativas que se le atribuían, principalmente durante el Renacimiento, aunque la más conocida era la de astringente, de ahí el nombre de "tapaculo", por sus propiedades antidiarreicas.

El agua de rosas, considerada oftálmica, la pomada de rosas, el jarabe de escaramujo, se obtienen con los pétalos de sus rosas, añadiendo también pétalos de rosas dobles cultivadas, de variedades muy perfumadas, derivadas de la variedad silvestre que estamos tratando.

La virtud principal del escaramujo radica en su fruto, de valor antiescorbútico por su riqueza en vitamina C, se le atribuyen también propiedades diuréticas e incluso se asegura que comiendo escaramujos enteros, sin masticar, con sus granos y pelitos, se arroja del intestino la lombriz solitaria.

Recientes investigaciones desmostraron que sus semillas pulverizadas ejercen influencia tóxica sobre el bulbo raquídeo y en general sobre el sistema nervioso; influye también sobre el corazón, que a dosis excesivas, puede pararse. Por consiguiente debemos utilizar con prudencia estas semillas y si comemos el fruto no las masticaremos para no romper su interior liberando sustancias tóxicas.

En cuanto a los escaramujos, lo mejor es comerlos frescos, pero previamente los partiremos a lo largo, quitándoles los huesecillos y pelos, lavándolos con agua. Así aprovecharemos todo su poder vitamínico.

También podemos preparar una mermelada fría, cuando después de limpiarlos los machacamos hasta reducirlos a pulpa y les añadimos su peso en azúcar moreno, fría porque el cocimiento destruiría la vitamina C.