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Ciprés (Cupressus sempervirens L.)

José Manuel Robledo Vinagre | 15 de junio de 2012

El ciprés
El ciprés
Por todas sus virtudes y su falta de peligrosidad, el denominado árbol de la muerte, bien podría denominarse "Árbol de la vida", pues eran tan famosas sus virtudes balsámicas, que los enfermos de asma u otras enfermedades del pecho acudían a respirar el aire de sus bosques para recuperar su salud

Cipreste, alcipreste o alciprés, son denominaciones que recibe este árbol siempreverde cargado de simbología, que siempre aporta un toque de elegancia y sobriedad al jardín mediterráneo, pudiendo vivir más de 500 años, citándose ejemplares que superan el milenio.

Árbol de porte columnar, que se alza hacia el cielo llegando hasta los 25 ó 30 metros de altura, de hojas muy pequeñas como escamas. 

Florece en primavera, un mismo individuo puede tener flores machos y hembras, las femeninas originan tras su polinización una pequeña piñita o nuez compuesta de diversas escamas, las semillas aplanadas en su interior tienen bordes alados.

Originario de Oriente próximo, su nombre deriva de Kyparissos, hijo de Telefo transformado por Apolo en ciprés. 

Antaño su cultivo se reducía a los cementerios, vinculando su figura a la muerte, pero actualmente, se ha recuperado para parques y jardines a los que imprime un toque de elegancia y solemnidad.

Virtudes

Compuesto de esencia de ciprés, alcohol terpénico, ácido fórmico, acético, butírico, etc.. Sus nueces o piñas, antes de madurar contienen gran cantidad de tanino, por ello son astringentes. Sin embargo, su efecto más poderoso es el de vasoconstrictor en afecciones del sistema nervioso.  En el tratamiento de varices, en transtornos de la menopausia, en las metrorragias, y especialmente en el tratamiento de las molestas hemorroides, reduciéndolas de tamaño y calmando su dolor.

Para uso interno, se recomienda usar una infusión que se prepara con unos 30 gramos de nueces de ciprés verdes, machacadas, y un litro de agua, dejamos hervir durante 10 minutos y tras dejarla reposar tomaremos una taza antes de cada comida.  Haciendo gárgaras con esta mezcla calmaremos las molestias que producen las hemorragias e irritaciones de las encías.

Para uso externo, podemos usar la misma receta, aumentando la cantidad de nueces, aplicándolo en baños de asiento en las hemorroides, lo más caliente que se resista.  Antiguamente se preparaban hasta supositorios .

También podemos añadir al agua hirviendo unas nueces y ramas de ciprés para respirar los vapores con esencia que calman la tos convulsiva y ayudan a limpiar los pulmones de flemas.

Aunque en menor concentración, las hojas tienen la mismas virtudes, y así, machacadas y colocadas sobre las heridas recientes, cortan la hemorragia y las hacen cicatrizar rápidamente.  Antaño se dejaban macerar en vinagre unos días y después se aplicaban a los cabellos dándoles fortaleza y ennegreciéndolos.

También maceradas unos días en vino, se tomaban contra la retención de orina.

Por todas sus virtudes y su falta de peligrosidad, el denominado árbol de la muerte, bien podría denominarse "Árbol de la vida", pues eran tan famosas sus virtudes balsámicas, que los enfermos de asma u otras enfermedades del pecho acudían a respirar el aire de sus bosques para recuperar su salud.

Se cuenta que el Arca de Noé fué fabricada con madera de ciprés, muy resistente y utilizada tradicionalmente en la construcción naval.

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