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El laurel (Laurus nobilis L.)

José Manuel Robledo Vinagre | 09 de noviembre de 2012

El laurel
El laurel
Planta sagrada para los romanos, que lo consagraron a Apolo, el laurel coronaba a los emperadores de Roma, pues contaba la leyenda que un águila enviada por Júpiter dejó caer en el regazo de Drusilla, mujer de Augusto, una gallina blanca, que llevaba en el pico una ramita de laurel con bayas, que plantada arraigó extendiéndose en abundancia. Por ello se coronaban con él a todos los vencedores y como el olivo era símbolo de paz

Lloréolo, loureiro, louro, loreto, o simplemente laurel, son algunos de los apelativos que recibe esta planta siempre verde, que durante una época de nuestro pasado natural, pobló, junto a otras especies de la misma familia, toda la Península Ibérica, formando la denominada "laurisilva", de la que nos ha quedado tan solo la historia de una ardilla que podía cruzar de norte a sur nuestro país sin tocar el suelo, viajando a través de las copas de estos árboles, así como algunos vestigios de estos bosques en la isla de la Gomera.

Actualmente vive silvestre en barrancos de umbría, gargantas, o bosques húmedos, también cultivado en jardines en los que se utiliza como seto, ya que aguanta bien la poda. En nuestra Sierra de Gata es muy común, practicamente cada huerto dispone de algún ejemplar, algunos convertidos en árboles con el paso del tiempo.

El laurel es una planta perenne, que puede alcanzar los 20 metros de altura, de hojas verdes, duras, lanceoladas y muy aromáticas. Su corteza es gris y lisa.

Sus flores se agrupan en umbelas de cinco en cinco, allí donde nacen las hojas, diferenciando la planta macho de la hembra, puesto que las del macho disponen de cuatro hojitas cruzadas blanquecinas y doce estambres con anteras; y las de la hembra tienen sólo cuatro filamenos estaminales, sin anteras, con pistilo verde en el centro. El fruto es como una pequeña aceituna de forma ovoide y color negro, extremadamente amargo.

Virtudes

Sus hojas contienen cineol, eugenol, pineno, principios amargos, taninos y alcohol sesquiterpénico, etc. Los frutos están compuestos por aceite graso y esencia, ácido oleico, linoleico, etc.

Sus virtudes más importantes son la de tonificar el estómago, la carminativa y la emenagoga, también es calmante y antiséptico.

El uso más extendido del laurel se da en la cocina, donde es tan apreciado, que raro es el guiso al que no se le añade unas hojas de laurel, que aportan un punto aromático y un sabor más agradable a la comida, utilizándose también en adobos y escabeches.

Para tonificar el estómago de los inapetentes, se recomienda preparar una infusión de 15 gramos de hojas secas en un litro de agua, favoreciendo la digestión y facilitando también la menstruación en mujeres que sufren reglas irregulares y dolorosas.

En cuanto a las bayas, podemos macerarlas en aceite o en vino, en aceite ponemos 400 gramos de bayas en un litro de aceite de oliva durante al menos 20 días, filtrando y guardando después en una botella de vidrio. En vino, maceramos tan sólo 40 gramos de bayas de laurel y otras tantas de enebro, en este caso machacadas, en un litro de vino bueno de la sierra, dejamos macerar el mismo tiempo y filtramos de la misma forma. Se le dará el mismo uso que a la infusión.

También podemos preparar una pomada con medio kilo de hojas secas y otro medio kilo de bayas machacadas y añadidas a un kilo de manteca de cerdo, macerando en caliente hasta que se evapore el agua, filtramos y removemos hasta que se enfríe.

Tanto el aceite como la pomada pueden utilizarse externamente mediante fricciones en la zona afectada, contra los dolores del reuma, del lumbago o las hemorroides. Podemos añadir un poco al agua caliente para darnos un baño aromatizado que tendrá un efecto sedante y relajante, especialmente indicado contra el agotamiento.

Antiguamente se utilizó la corteza de su raíz para romper la piedra en el riñón y como abortiva.

Planta sagrada para los romanos, que lo consagraron a Apolo, el laurel coronaba a los emperadores de Roma, pues contaba la leyenda que un águila enviada por Júpiter dejó caer en el regazo de Drusilla, mujer de Augusto, una gallina blanca, que llevaba en el pico una ramita de laurel con bayas, que plantada arraigó extendiéndose en abundancia. Por ello se coronaban con él a todos los vencedores y como el olivo era símbolo de paz.

Regalo de los dioses romanos, contaban los supersticiosos que jamás un laurel había sido sacudido por un rayo, el mismísmo Tiberio César, cada vez que sentía tronar, se colocaba una rama de laurel sobre su cabeza.

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