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La jara (Cistus ladaniferus L.)

José Manuel Robledo Vinagre | 01 de Noviembre de 2012

La jara
La jara
Durante la guerra de la independencia contra los franceses, dada la densidad de los jarales, cuenta la leyenda que la jara escondía a los españoles perseguidos por los pelotones de fusilamiento de Napoleón, salvando la vida de muchos condenados a muerte

La jara del ládano, esteva o xara, es un arbusto que puede llegar a medir hasta dos metros de altura y que cubre densamente las dehesas y sierros de Extremadura, especialmente en terrenos que fueron quemados antaño, donde su semilla es la primera en germinar, despertando con las altas temperaturas del incendio de un

sueño que puede durar muchos años, puesto que posee una resistencia natural a la germinación que sólo se rompe a través del fuego.

Se asocia facilmente a la encina y al alcornoque, conviviendo con ellos en las dehesas, hasta los 1.000 metros de altitud aproximadamente.

Sus hojas enfrentadas, lanceoladas y estrechas, son de color verde oscuro por el haz y más claro o blanquecino por el envés. Se encuentran cubiertas de una resina pringosa de olor muy fuerte y característico.

Las flores, que aparecen entre abril y junio, pueden llegar a medir 12 centímetros de diámetro, son inmaculadas de color blanco o con manchas negras en sus pétalos en el centro de la flor. Así, distinguimos la variedad maculata de la inmaculata.

Su fruto es una cápsula globosa, con diez compartimentos que se abre en diez valvas.

Se recolecta para la obtención del ládano, que se produce en las sumidades floríferas de la jara, justo antes de florecer, también produce la miel de jara, que surge por las picaduras de insectos en las hojas, también denominada jaramiel.

Su recolección se efectuaba por los pastores, que introducían el rebaño de cabras en los jarales para que se quedasen impregnadas las barbas de las cabras de ládano, para después peinarlas y así recogerlo.

Virtudes

El ládano es una masa endurecida de color pardo verdoso, que se ablanda con las altas temperaturas, de olor aromático y sabor amargo. Esta sustancia

proporciona a la jara una gran ventaja respecto al resto de especies competidoras, puesto que inhibe el crecimiento de otras plantas a modo de herbicida natural.

Con esta sustancia se preparaba antaño el denominado "emplasto regio" mezclándolo con pez, cera y trementina, que se utilizaba para curar hernias y leves fracturas de hueso.

También se considera como calmante de los nervios y antihistérico, pero actualmente apenas se usa en medicina, quedando limitado a la perfumería.

La jaramiel, preparada con forma de pastillas se utilizaba con buenos resultados contra la tos.

Durante la guerra de la independencia contra los franceses, dada la densidad de los jarales, cuenta la leyenda que la jara escondía a los españoles perseguidos por los pelotones de fusilamiento de Napoleón, salvando la vida de muchos condenados a muerte.

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